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“Mal humor social” y el IPN

El nuevo conflicto en el IPN es un buen aserto de los dichos del presidente Enrique Peña Nieto cuando se queja de que en el país “el ánimo está caído, hay mal humor social”. Los estudiantes vuelven a inconformarse después del movimiento de 2014 y paralizan once vocacionales sin un claro motivo de protesta. No obstante, reflejan un estado de impotencia institucionalizado por la frustración de que se cumplan las demandas que los llevaron a las calles hace dos años. Las acciones de los politécnicos son un ejemplo del agravio que hay en la imaginación pública cuando se instala la idea de que las cosas no pueden ni van a cambiar. ¿Se justifica o no la inconformidad?

Un profesional de las encuestas expresaba su extrañeza por la dificultad de medir un movimiento de ánimo como el “mal humor social”. El reactivo más próximo es el grado de satisfacción o no respecto de una política o un gobernante. Pero el “mal ambiente” es algo subjetivo, como la explicación de la evidente inconformidad de los politécnicos. Desde las marchas de 2014, los estudiantes mostraron una sana rabia ante la persistencia de problemas que no se resuelven. Algo no muy distinto del creciente enojo por la incapacidad de los políticos y la política para tomarse en serio la corrupción con leyes como la 3de3, de su incapacidad para detener la espiral de más de 57 mil muertes violentas en el sexenio o la impunidad de casos de desapariciones forzadas, como la de los estudiantes de Ayotzinapa.

El conflicto se originó por un acuerdo del pasado 6 de abril, que cambia la adscripción del IPN a la oficina del titular de la SEP, a pesar de que desde los 80 es un órgano desconcentrado de la dependencia. Entre los politécnicos, la medida se interpretó como un plan para desaparecer centros de investigación y tener mayor injerencia en el IPN y en el Congreso Nacional. La suspicacia y el temor a ver vulnerada la autonomía encendió la protesta, aunque la especulación ya apunte a la “mano negra” de Morena para sacar “raja política” en las elecciones de 2016 o “patadas debajo de la mesa” dentro del gabinete ante la sucesión.

La reacción de Aurelio Nuño fue de menosprecio a la protesta por parecerle injustificada. Tardó dos semanas en responder la solicitud de diálogo. Y los estudiantes la recibieron como prueba de que no entiende el poco avance en la auditoría a la exdirectora Yoloxóchitl Bustamante, quien cayó hace dos años con las protestas a políticas académicas para reducir el alto nivel de reprobación, mantenimiento de instalaciones, salida de la policía bancaria y de porros, y transparencia para la elección de la comisión organizadora del congreso. En fin, el movimiento de la SEP agitó el malestar que crecía por la falta de rendición de cuentas de la nueva dirección de Enrique Fernández Fassnacht y la obediencia a “reglas no escritas” de injerencia de la SEP en la organización y nombramientos internos.

En 2014, el conflicto se resolvió con el llamado a un congreso para redefinir el futuro del Poli, pero nada peor que la duda sobre la ética del que conduce un proceso de reforma. Sólo superado por el temor de que la promesa de cambio esconda una manipulación de la autoridad para que todo siga igual.

La percepción general de deterioro sobre la inseguridad, la economía y la política se ha estabilizado respecto al nivel de 2015, según BGC-Excélsior. Pero con frecuencia cobra cuerpo cuando se relaciona con una nueva prueba de incapacidad de los políticos de impedir un nuevo drama de violencia, otro escándalo de corrupción o un nuevo crimen impune. El “mal humor” persiste y la revuelta politécnica es un pálido reflejo del estado de ánimo en el país por la falta de expectativa de cambios, aunque, como rebate el Presidente, el país avanza y crece en diversos ámbitos.

 

Fuente y Créditos: excelsior.com.mx

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