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Excélsior en un centenario de honor

 

CIUDAD DE MÉXICO.

Lo recuerdo hoy que se cumplen 99 años de su fundación y que se inicia la celebración de su centenario. El 18 de marzo de 1917 apareció su primer ejemplar y así ha proseguido durante estos 35 mil 989 días. Ese tiempo de entonces era impredecible e inimaginable.

En México, el mes anterior se había expedido una nueva Constitución Política. Parecía que el país entraba a una paz segura. Pero habrían de venir 13 años más de lucha intestina. Guerras civiles, interrupción presidencial, magnicidios y otras calamidades. El mundo se encontraba al filo de la etapa más cruenta de la Gran Guerra. Se había desmoronado el Imperio Austriaco y estaba por venir el derrumbamiento del Imperio Ruso. Vendría la gran burbuja y su explosión en 1929. La pavorosa depresión económica. La entronización del Duce y del Führer. El New Deal. Todo ello, en tan sólo 15 años.

En ese mundo, Excélsior se convirtió, de manera indiscutible, en el periódico más ligado a la historia mexicana del siglo XX. Durante muchos de sus 99 años de vida ha sido el periódico insignia del mundo iberoamericano. Para decir esto no olvido ni por un momento las excelencias de El Clarín de Buenos Aires, ni de El Mercurio de Santiago, ni del brasileño O Globo. Los diarios españoles, hoy notables, fueron durante los casi cuarenta años de dictadura algo muy alejado del periodismo real y más parecido a un boletín de gobierno. En ese escenario mundial Excélsior fue el informador esencial y el básico formador de opinión mexicana e iberoamericana. Los mexicanos de varias generaciones cuando tuvimos por primera vez en las manos un periódico se llamaba Excélsior. Aun en un México que no siempre fue ni el más abierto ni el más tolerante supo conservar su independencia de criterio y su libertad de opinión. Si alguien lo duda podría recomendarle varias fechas para consultar el ejemplar en la hemeroteca, pero me quedo con una sola. La edición matutina del 3 de octubre de 1968 fue una oposición demoledora a la represión diazordacista. Pero en esos 99 años también ha habido sinsabores que, una vez resueltos, lo colman de honor y de honores.

El primero fue, en 1924, con la muerte prematura de Rafael Alducin, su joven fundador y propietario. Su viuda y nueva dueña no era una persona entendida en periodismo ni en negocios. En unos años, el periódico entró en una crisis financiera y laboral que se antojaba insuperable. Lázaro Cárdenas aconsejó a la propietaria, Consuelo Thomalen, que acordara con los trabajadores la conversión de la empresa en una sociedad cooperativa. Así se hizo y esto habría de tener sus consecuencias 60 años después pero, en los años treinta, Excélsior se salvó por primera vez.

La segunda salvación aconteció en 1968. El jueves 3 de octubre cambió la prensa mexicana, antes dócil y obsecuente con el gobierno. La orden oficial fue que no se colocaran los sucesos de la noche anterior en las primeras planas. Excélsior no obedeció. El viernes 4, Abel Quezada publicó allí su legendario cartón negro “Por qué”. Se dice y no lo dudo que la primera reacción de Gustavo Díaz Ordaz fue de coraje ante el desacato y que la consecuencia primera que pensó fue la clausura del “Periódico de la Vida Nacional”. Pero, en esos días, México era la noticia del mundo por las Olimpiadas. El mundo estaba muy sensible por la represión soviética en Praga. Díaz Ordaz tuvo que aguantarse su bilis y Excélsior se salvó. Si el 2 de octubre hubiera sido el 2 de noviembre hubiéramos perdido periódicos, garantías constitucionales, ruta, destino y muchas vidas.

La tercera fue a partir del año 2000 hasta el 2006. Excélsior se encaminó en esos años a un inminente y doloroso naufragio. La situación financiera era insostenible. Los méritos de las últimas dirigencias y el sacrificio de los cooperativistas fue encomiable pero no salvador. Todas las mañanas, durante más de cinco años, lo primero que hice en la mañana fue revisar mis periódicos para verificar que Excélsior había sido editado. Temía que algún día ya no saliera. Creo que muchos días estuvo a punto de realizarse mi temor.

Por eso es de saludar el salvamento de este diario y la labor realizada por Olegario Vázquez Raña, Olegario Vázquez Aldir, Ernesto Rivera, Pascal Beltrán del Río y todo su equipo. Ellos nos convencen de que, mientras uno tenga una pluma en la mano, jamás podrá ser dominado por los demás hombres.

Fuente y Créditos: excelsior.com.mx
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