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Antena y antenazos desde el Mineral de San Joaquín de mis amores y ahora Pueblo Mágico

Por Guillermo Ledesma Ledesma

Inicio esta su columna de la Revista “Punto de Vista” con mi mejores deseos que en este año 2016 todos sus anhelos se vean cumplidos tanto en lo económico, en lo laboral, en lo familiar y la salud, y como regalo de reyes de mi parte, por esta vez no escribo de política y preferí escribir una historia que viví en carne propia esperando que mi experiencia le sirva a alguno de mis 3 o 4 lectores y que puse por nombre

                                                             EL INFARTO

El lunes 9 de noviembre del 2015, creí que sería como cualquier otro día de mi rutinaria vida de jubilado, sin imaginarme lo equivocado que estaba, y que empecé a notar cuando me levante con un ligero mareo, consecuencia, creí, de la pastilla para dormir, que me había tomado la noche anterior, me bañe, desayune y tome mi coche para acudir a una cita con el Ing. Elías Pecina Rodríguez, Oficial Mayor del Gobierno potosino, en las oficinas de la oficialía mayor ubicadas en Aldama y Guerrero. Al salir de mi casa note que algo andaba mal en mi organismo, pues a lo largo de la calle de Muñoz no veía con claridad y en la avenida Venustiano Carranza con dificultad localizaba los semáforos. Tuve suerte que todos me tocaran en verde, en la calle de Independencia di vuelta a la derecha hasta Guerrero, metiéndome a un estacionamiento que se encuentra en esa calle, estaba lleno, la encargada me pidió que dejara las llaves y me advirtió que era cuota fija, cuando quise preguntarle qué era eso, por más esfuerzos que hice no pude articular palabra, avance como 10 metros para estacionarme y al hacerlo le pegue ligeramente a un auto, en seguida apareció el dueño para reclamarme el daño causado, y yo sin poder hablar, lo único que se me ocurrió fue darle mi tarjeta y con esfuerzo alcance a decirle, yo pago.

Acto seguido, salí del estacionamiento, a fuera de el encontré a Coronado, hermano de Juan José quien me saludo efusivamente y yo sin poder decir palabra y a señas me hice entender que no podía hablar, y a señas igual me despedí. Al llegar a la esquina de Aldama y Guerrero no encontré las oficinas y sobre Aldama camine hacia Madero desde donde llame a Alex con quien debía de encontrarme a las 9:30, y sólo y con trabajos pude escribir, ¿en dónde? Me regrese a donde creí que habían estado las oficinas y no pudiendo hablar difícilmente escribí ¿oficialía? Indicándome una joven que era enfrente, completamente desorientado me fui al edificio que estaba a solo 20 pasos. Vi a Carlos Castro quien me hizo señas que esperara, que en un momento me atendería, me senté a esperar a Alex quien instantes después llego. No sé qué impresión le haya causado el verme, ya que solo le dije “estoy mal” En seguida se disculpó con Carlos Castro aplazando la entrevista y únicamente le dijo: “mi papa está mal”. Acto seguido nos encaminamos al estacionamiento donde estaba mi coche, ahí estaba también el dueño del carro golpeado, al que Alex simplemente le dijo: “no puedo atenderlo, mi padre esta grave”, y dándole su tarjeta, le dijo: “yo le pago”.

Nos fuimos rumbo al consultorio del Dr. Miguel, mi médico durante los últimos 15 años y mientras Alex preguntaba por el Dr. sin darse cuenta yo me metí al baño, la recepcionista o prófuga del metate simplemente le dijo: “el Dr. sólo viene por las tardes”. Vaya susto el que se llevó Alex al no encontrarme dónde me había dejado y salió como loco gritando Papá, Papá, cuando salí del baño lo alcance a ver, pero al no poder gritarle hice ruidos guturales que alcanzó a oír. Nos subimos al coche y por indicación de Edgar, como alma que se lleva el diablo llegamos al hospital de la Bene y en menos de 10 minutos estaba encamado en urgencias en manos de un magnifico equipo interdiciplinario conformado por: doctores, enfermeras, camilleros, internistas y nutriólogas para dar principio a una serie de exámenes ordenados por el neurólogo Gerardo Velázquez López; el Dr. Ricardo Lucio y el internista Dr. José Jonadab, y que consistieron en: química sanguínea, examen de orina, glucosa de ayuno, biometría hematica, perfil lípido completo, rayos X de tórax, electrocardiograma, ultrasonido y resonancia para que al filo de las 11:30 quedara cómodamente instalado en una lujosa suite del sector de nuestra Señora del Pilar de la Benemérita Beneficencia Española. Mientras en el sector de la Virgen de la Covadonga de la misma institución, mi hija Silvia convalecía de 4 o 5? operaciones en la columna, y quien ignoraba que yo estaba encamado en la misma Bene. Así pasó, el lunes, y el martes llegaron los resultados, había sufrido un infarto cerebral, el Dr. Velázquez sugirió que se buscara al Dr. Agraz, mientras que Beli al ver que se requería a un angiólogo cirujano vascular buscaba al Dr. Ricardo Lucio Gil, pariente político, convencida de que él, y sólo él, era el indicado para que me operara. La noche del martes se reunió la familia conmigo y el Dr. Lucio, acordando que la operación se llevaría a cabo el miércoles a las 14 horas y que ya se tenía preparada la sala de terapia intensiva para llevarme después de la operación.

Del miércoles poco recuerdo, sólo que al medio día se lleno de gente mi cuarto y sin darme cuenta de cuándo me aplicaron la anestesia el recorrido de mi suite al quirófano lo hice completamente noqueado para despertar 5 horas después. Lo primero que vi fueron los rostros sonrientes de la familia, ya que la operación había sido exitosa, a tal grado que no fue necesario llevarme a terapia intensiva. Ya por la noche el Dr. Lucio me dijo que el viernes 13, dos días después, dejaría la Bene para, junto con Silvia, irnos, ella a Mar Mediterráneo, y yo a Álamos 108. Todo ello para sorpresa no sólo mía y de la familia, sino además de los propios médicos quienes medicamente catalogan este suceso de extrema gravedad con consecuencias realmente severas. Y que por fortuna en mi caso no dejó secuelas graves y de los pocos daños voy recuperándome, incluso sin la ayuda de los terapeutas. Pues la de lenguaje me dio de alta en la primera sesión y para lo que se refiere a la movilidad el neurólogo ni siquiera lo consideró necesario. Ya que consideran que en corto tiempo y dado la rapidez de mi milagrosa recuperación estaré al cien.

No puedo terminar esta historia sin hacer un acto de justicia y reconocimiento a las siguientes personas: al Dr. Gerardo Velázquez que bien combina la medicina con la religión, al Dr. José Liñán quien tras su aspecto de seminarista hay un verdadero DOCTOR, mención especial merece el seriesote y eminente Dr. Ricardo Lucio por su profesionalismo y don de gente, a mis donadores de sangre: Paco quien a pulso se ha ganado el título del “quinto hijo”, quien es cierto que no lleva nuestra sangre, pero también lo es, que tanto Rosa como yo sí llevamos sangre de él ya que hace más de 3 décadas donó sangre para “Mamá Rosa”, y ésta vez donó para “Papá Memo”, otro donador infaltable es Alex quien siempre está dispuesto a hacer el bien sin mirar a quien como donador. A los debutantes en estas lides los heroicos pibes que se sobrepusieron al miedo; Alejandra, Melissa, Memo, y Marco. Quienes a “punto del desmayo” cumplieron la filantrópica donación. A Rosa mí inseparable compañera durante los últimos 57 años, quien estuvo junto a mí como siempre, todo el tiempo y al ritmo que le marcaron los camilleros. A Beli porque sufrió en carne propia mi dolor, olvidando el suyo, y siempre con una sonrisa me dio ánimo así como todo su apoyo y amor. Respecto a Silvia le doy gracias a Dios que la vida nos haya dado la oportunidad de vivir en santa paz y poder darnos muestras del amor que nos tenemos sin darnos “toques”, y que nos une, así, como el agradecimiento de hoy y siempre al convertirse en mi asesora financiera. A Edgar por darme la oportunidad de velar su sueño y a la vez el cuidarme y estar al pendiente de mis medicamentos, dándome una lección de que entre nosotros podrá haber diferencias, pleitos, zancadillas, piquetes de ojos, sin llegar a los moquetes, pero que somos un equipo que cuando uno de sus miembros está en problemas nos unimos como muéganos, y unidos: “no hay cerro que se nos empine, ni cuaco que se nos atore”, gracias por tu solidaridad. A Alex agradezco la rapidez con que actuó y que fue definitiva para llevar el barco a buen puerto. A Dora, Alejandra, Lupita, Armando y a toda la prole, a mis amigos y parientes que se desplazaron desde distintas partes del país para darme ánimos y desearme pronta recuperación, en tanto la Real Academia de la Lengua inventa otra palabra para agradecer, simplemente les digo gracias ¡MUCHAS GRACIAS!

Y como consecuencia de todo lo que les acabo de narrar, se quedó sin publicar una de mis columnas, de lo cual poco queda por rescatar dado el tiempo que ha transcurrido, sin embargo, y dado el cariño y la amistad tan entrañable que sentía por mi compadre Palemón Ledesma y ante su fallecimiento, en la citada columna escribí lo siguiente:

El sábado 24 de octubre, contra mi costumbre, abrí mi laptop después del medio día, y para sorpresa mía la primer nota que vi en facebook me heló la sangre, dicha nota nos informaba que “Palemón Ledesma Amín había fallecido”, lo primero que hice fue tratar de comunicarme con algún miembro de nuestra gran familia y después de varios intentos encontré a las pequeñas hijas de Lili Díaz, quienes me informaron que tanto su abue Gloria como su mamá se habían ido a la misa del tío Palemón ignorando cuál sería la hora del entierro. Seguí haciendo llamadas hasta que más tarde localice a Pino quien me dijo que en ese momento estaba llegando de San Joaquín y se había enterado que ya habían enterrado al querido primo Palemón. Ante la imposibilidad de acudir a despedirme del querido primo, del siempre amigo, del entrañable compadre, siempre he dicho: “a los hermanos no los escoge uno, a los compadres sí”, lo despido contando una historia que pinta de cuerpo entero la calidad de este extraordinario ser humano, y les cuento: Una tarde noche del mes de noviembre, de 1967 mi hijo Edgar de menos de 3 meces de nacido enfermo de pulmonía y era cosa de vida o muerte trasladarlo a la Cd. de Querétaro, ya que ese día no había un sólo medico en el pueblo, también recuerdo que por ser principio de semana todas las camionetas andaban o en las minas, o en la Ciudad. Providencialmente como caído del cielo me encontré a Palemón al que le platique lo que me sucedía, inmediatamente me dijo que él me llevaba a Querétaro, pero que su camioneta estaba en la mina, que sólo tenía ahí un viejo jeep, el que estaría listo en 10 minutos. En tanto yo buscaba trasporte, mi esposa Rosa y mi tía Loreto buscaban al cura para que bautizara a nuestro pequeño hijo debido a su gravedad, pero por esas ideas retrogradas de algunos representantes de la iglesia no fue posible que Palemón fuera el padrino de bautizo. Fue hasta 6 años después que nos hicimos compadres al llevar a confirmar a Edgar. Ante la negativa del cura de bautizarlo, salí a buscar quien lo sustituyera, encontrándome a Noé Ledesma a quien una vez que le planteé mi problema, le pedí que apadrinara a Edgar, cosa que aceptó de muy buen agrado. Una vez realizado el tan complicado sacramento bautismal, con un clima gélido que anunciaba una nevada como jamás había visto otra igual, al filo de las 9 de la noche iniciamos Rosa, Palemón, Edgar y yo en aquel viejo jeep aquella aventura. Recuerdo que Palemón durante todo el camino nos dio animo ya en más de una ocasión Rosa le dijo a Palemón que se detuviera: “pues creo que ya no respira”, pero el primo no le hacía caso y seguía adelante para esto les diré que cuando pasamos por La Lagunita ya la nieve cubría algunos 25 centímetros y cesó hasta que llegamos a Cadereyta, al filo de la una de la madrugada en donde un médico inyecto a nuestro enfermito y nos recomendó que le lleváramos urgentemente a Querétaro, ya que dada la gravedad había que internarlo de emergencia. Otra vez a agarró camino, llegando a Querétaro, y cerca de las tres de la mañana internábamos a Edgar en el sanatorio Mariano, dando así por terminada aquella accidentada aventura de la cual salimos avante, ya que gracias a Dios y a Palemón, o a, “Palemón, a Dios y al viejo jeep” logramos rescatar al pequeño Edy de las garras de la muerte. Recuerdo que siempre que me encontraba con Palemón me preguntaba por su ahijado “el Resucitadito”. Finalizo esta triste nota deseando que tanto su viuda Olga como sus hijas, Olga, Sandra y Anaí, así como a sus hermanos y hermanas: Zoila, Judith, Adán, Esther, Irma e Idalia y a todos sus demás familiares el Señor Todopoderoso les dé Cristiana resignación y la paz eterna al siempre recordado y estimado compadre “Palillo”, al que no le digo adiós sino hasta muy pronto…

Y aquí termino no sin antes recordarles que si portan bien aparecerán en antena y si portan mal recibirán antenazzzos.

Para colaboraciones, quejas y derecho de réplica mi correo es: Guillermoledesmaledesma@gmail.com

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