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Amenaza mortal desde EU

Se ha reseñado con reiteración el peligro que representan las candidaturas de Trump y Sanders para el orden económico global que impera desde fines de la Segunda Guerra Mundial, tutelado por EU, que generó la era de mayor creación de riqueza en la historia de la humanidad. Los desplantes populistas, proteccionistas y nativistas de las extremas derecha e izquierda han gestado un problema aún más grave que la simple posibilidad de que alguno llegue a la Casa Blanca: han empujado al resto de los precandidatos a adoptar su agenda.

Hoy no hay aspirantes a la presidencia —con excepción de John Kasich— que defienda el libre comercio, la economía de mercado y un Estado de derecho que garantice la libertad individual y de tránsito de capitales y personas, así como la igualdad de oportunidades y no de resultados. En su lugar, proponen cerrar su país al mundo y cancelar la red de acuerdos comerciales que permitieron el florecimiento de la economía global en los últimos 70 años y la incorporación de miles de millones de personas a la economía de mercado en todo el orbe, con un notable abatimiento en los índices de pobreza.

Estas posiciones estatistas sedujeron a políticos que se ostentaban como defensores del modelo económico liberal, como el gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie. Escuché hace cuatro años a Christie, hoy abyecto lacayo de Trump, como orador en la ceremonia de otorgamiento del Premio Milton Friedman Pro-Libertad, donde hizo una sólida defensa del libre mercado y la libertad personal. ¿Qué le pasó? Me temo que muy pronto se puede desgranar un alud de apoyos legislativos para estas posiciones eminentemente destructivas, con lo que podríamos dar por muerta a la Unión Transpacífica (TPP, por sus siglas en inglés), que Barack Obama planeaba enviar al Congreso antes de las elecciones de noviembre próximo. Hillary Clinton, quien ganó fuerte en los comicios primarios del martes, cada día adopta posiciones más radicales en materia económica, que dificultarán su regreso al centro del espectro ideológico en la elección general, sobre todo si su opositor es el peligroso Trump, proteccionista a ultranza.

Recuerdo una plática que tuve con su marido, Bill Clinton, a la sazón gobernador de Arkansas, en la que le traté el interés de México por recabar su apoyo para el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, en proceso de negociación entonces. Me dijo que no lo haría para no perder el apoyo de los sindicatos en su eventual postulación presidencial, pero que de llegar a la Casa Blanca lo avalaría, como en efecto lo hizo.

A diferencia de hoy, hace 25 años se integró una poderosa coalición para vender los beneficios del libre comercio con México integrada por empresas privadas de los dos países; por los gobiernos de George Bush padre y de Bill Clinton, quien creó un cuerpo especial de más de 100 lobistas en la Casa Blanca para presionar a los congresistas de su país tres meses antes de la votación; y por el gobierno de México. Nuestro gobierno montó un enorme y efectivo esfuerzo para vender en EU las bondades del libre comercio con nosotros, en los distritos electorales en los que sus congresistas estaban indecisos, que eran la mayoría. Nos lanzamos a dar discursos apoyados en tarjetas informativas preparadas por la Secretaría de Comercio, sobre los empleos que se crearían a resultas de abrir los flujos comerciales.

Hoy, casi nadie defiende en público el libre comercio, mientras que sus detractores continúan, sin pausa desde hace un cuarto de siglo, sus furiosos y muy difundidos ataques, cosechando el apoyo de los demagogos que quieren ser presidentes. Me temo que si las naciones y empresas interesadas en preservar el orden económico liberal no montan una campaña inmediata y robusta de cabildeo de votantes y legisladores en EU para neutralizar la ola proteccionista, los daños serán terribles.

Fuente y Créditos: dineroenimagen.com
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