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Así es trabajar preparando cadáveres para funerales

VICE / Sara Font

CIUDAD DE MÉXICO.

Todos morimos. Es así. Y para quien no esté familiarizado con el término, los funerarios son esos señores vestidos de traje que se encargan de enterrar a tus seres queridos y que se encargarán de enterrarte a ti cuando la Parka te dé match en Tinder. Así a grandes rasgos. La gente cree que son raros, pero sólo es su trabajo y, te guste o no, es necesario. Además, creo que hay trabajos mucho peores que lidiar con muertos.

Parece que las profesiones que tratan directamente con la muerte son todavía bastante tabú dentro de la sociedad y quedan relegadas al sector de los “raros”, gente a la que imaginas tocándote el pelo mientras duermes. Pero nada está más lejos de la realidad. Los que tratan con muertos se aprietan contigo en el metro y toman cerveza en la mesa de al lado. Quizá estén ahora mismo detrás de ti mirándote fijamente… o trabajando como cualquier otra persona.

Creo que el impacto es más fuerte cuando el sujeto en cuestión te comenta que se dedica a la tanatopraxia, que en palabras de Wikipedia significa “Conjunto de prácticas que se realizan sobre un cadáver desarrollando y aplicando métodos tanto para su higienización, conservación, embalsamamiento, restauración, reconstrucción y cuidado estético como para el soporte de presentación”.

Algunos tanatopractores con los que he tratado intentan no comentar demasiado a qué se dedican, ya que el aluvión de preguntas posterior es interminable. A otros, sin embargo, les encanta hablar de su trabajo e incluso se identifican como artistas. Así que cuando alguien muere, el “finado” (así se refieren ellos a los cadáveres) es llevado con los funerarios y el proceso es más o menos el siguiente:

1- Una vez transportado el cuerpo y depositado sobre una camilla metálica se procede a su limpieza y desinfección.

2- Después de este proceso los siguientes pasos pueden variar mucho dependiendo del tipo de muerte que haya sufrido el cuerpo. Pongamos que ha tenido un tipo de muerte estándar, que era un señor mayor que murió mientras dormía y no se le ha practicado la autopsia. En ese caso, no habría que aplicarle ningún procedimiento “extra”. Sin embargo, si hubiera sufrido alguna enfermedad que hubiera dejado marcas, algún tipo de accidente con heridas, etcétera, habría que reconstruir las zonas afectadas. Generalmente usan látex para eso. Otras veces hay que usar materiales especiales para conservar el cuerpo varios días o hacer una aspiración de gases y líquidos abdominales. Cada cadáver es un mundo.

3- Si el cadáver perteneció a un hombre, se afeita. Aunque si en vida le gustaba llevar barba de leñador, se saltarán este paso. La idea es que el muerto se parezca lo más posible al vivo.

4- Otro paso importante es la sutura de la boca, para que aguante cerrada. Se aplican unas técnicas y utensilios específicos para tal fin. También hay que tapar las fosas nasales y otros orificios como la tráquea con algodón hidrófugo. Además, para los ojos se usan los llamados cubre-ojos, una especie de lentes de contacto con “pinchitos” que los mantienen cerrados. Puede parecer desagradable, pero no creo que a nadie le apetezca que la Tía Eulalia se “despierte” en mitad del velatorio.

5- Después de todo esto, se procede a vestirlo. Normalmente son los familiares los que eligen el atuendo para el funeral. Todo bien a no ser que tengas unos familiares que quieran ponerte un traje de faralaes para echarse unas risas post mortem.

6- Tras vestirlo, se le “acicala” un poco, se le peina, se disimulan ojeras… y en el caso de las mujeres, se les suele pintar las uñas.

7- Y por último, el maquillaje. Lo normal es que se trate de un maquillaje “light”, buscando un aspecto más natural posible (un consejo: el maquillaje de teatro aguanta mejor las temperaturas a las que se enfrentan los cadáveres).¡Y listo! El cadáver está listo para ser despedido con dignidad.

Es curioso que incluso después de muertos se juegue con la ilusión de aparentar vida, como si simplemente la persona (o lo que queda de ella) que está detrás del cristal en el tanatorio estuviera echándose una siesta. Todos los que se dedican a esta profesión coinciden en que darle un aspecto lo más “vital” y relajado posible a un difunto ayuda a la familia en el proceso de duelo, ya que la última imagen que tendrán de su ser querido será lo más parecida a la que tenían de él en vida. Seguramente tengan razón; si no, obviamente, no se haría de ese modo.

Después de todo el rollo y de esta reflexión tan intensa, quizá sigas pensando. Sí, sí, muy necesario todo, pero ¿cómo una persona que trata con muertos de forma habitual puede irse a casa y cenar tranquilamente? Pues del mismo modo en el que tú le lames el culo a tu jefe todos los días y luego te lavas los dientes antes de acostarte. Además, amigos, alguien tiene que hacerlo, ¿no?

Aun así, si después de leer esto todavía prefieres seguir manteniendo las distancias con la gente cuyo trabajo gira en torno a la muerte, no importa, por lo menos una vez en la vida (aunque no sé si realmente ese es el término adecuado) tendrás que tratar con alguno de ellos.

Fuente y Créditos: Excelsior – http://www.excelsior.com.mx
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