Opinión – El resurgimiento del Besamanos

MRS / Revista Punto de Vista / 02 de Octubre 2023

Durante los años del régimen del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en México, el acto conocido como “besamanos” después del informe presidencial era una muestra palpable de la cultura política autoritaria y el culto a la personalidad que caracterizaban a esa época. En la actualidad, con el ascenso de Morena al poder, hemos visto un resurgimiento de esta práctica en una forma literal, lo que plantea interrogantes sobre el rumbo de la democracia en el país.

El besamanos, en el contexto del PRI, era un acto protocolario que se llevaba a cabo después de que el presidente de la República pronunciara su informe anual ante el Congreso. En ese momento, los miembros más destacados de la clase política, gobernadores, líderes sindicales y demás personajes influyentes se congregaban para saludar y felicitar efusivamente al presidente en turno. Este ritual no solo simbolizaba la sumisión de las élites políticas al mandatario, sino que también perpetuaba el culto a la personalidad en torno a la figura presidencial.

El PRI gobernó México de manera prácticamente ininterrumpida durante más de siete décadas, y durante ese tiempo, se consolidó un sistema político caracterizado por la falta de alternancia y una concentración excesiva de poder en el ejecutivo federal. El besamanos se convirtió en un símbolo de esa concentración de poder y en una muestra de la falta de autonomía de los poderes legislativo y judicial. La política mexicana estaba dominada por un partido único, y el besamanos era una manifestación visible de la lealtad y sumisión requeridas por aquel régimen.

Sin embargo, con el advenimiento de la democracia en México y la alternancia en el poder en 2000, se esperaba que este tipo de prácticas quedaran atrás. Lamentablemente, con la llegada de Morena al poder en 2018 y la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, hemos presenciado un resurgimiento de esta tradición, pero ahora de manera aún más literal.

El presidente López Obrador ha mantenido la costumbre de recibir a sus simpatizantes y seguidores después de su informe presidencial en el Palacio Nacional. Sin embargo, lo que antes era un gesto político ha adquirido un tono personalista y polarizador. El presidente se rodea de personas que le expresan su apoyo inquebrantable y que, en muchos casos, son miembros de su gabinete o funcionarios de su partido.

Esta práctica ha sido criticada por algunos sectores de la sociedad mexicana, quienes ven en ella un intento de consolidar el poder en torno a la figura presidencial y un desprecio por la separación de poderes. Además, el tono mesiánico que a veces acompaña a estos eventos solo sirve para polarizar aún más a la sociedad y fomentar la división en un momento en que la unidad y el diálogo deberían ser prioritarios.

Es importante recordar que la democracia implica la rendición de cuentas, la pluralidad de voces y la tolerancia hacia la crítica. El resurgimiento del besamanos, aunque no sea una práctica exclusiva de Morena, nos debe llevar a reflexionar sobre la salud de nuestra democracia y el riesgo de volver a caer en viejas prácticas autoritarias.

En lugar de celebrar rituales que refuerzan la imagen del presidente como un líder carismático e infalible, deberíamos promover un sistema político en el que se fomente el debate, la transparencia y la responsabilidad. La democracia no debe ser un culto a la personalidad, sino un espacio donde las ideas compitan y se confronten de manera abierta y constructiva.

El resurgimiento literal del besamanos en la política mexicana, particularmente con el partido Morena en el poder, nos recuerda las sombras del pasado autoritario y nos insta a defender los principios democráticos de nuestro país. La verdadera fuerza de la democracia radica en la diversidad de opiniones y la rendición de cuentas, no en la sumisión acrítica a un líder.

mrenzi@revistapuntodevista.com.mx

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