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El PRI vs. la memecracia

A estas alturas queda claro que no es coincidencia, lo tienen integrado en su ADN, seguramente incrustado entre el cromosoma de la cleptomanía y el del cinismo. Los priístas no pueden contenerse, simplemente les encanta censurar y lo seguirán intentando, aunque cada una de sus iniciativas sea recibida con sanas dosis de ridículo público y el absoluto rechazo de la sociedad que, gracias a Dios, por fin entendió que el expresarse es su derecho y no un regalo de las burocracias.

 Ahora la del chistecito fue la diputada local Martha Orta Rodríguez (PRI-San Luis Potosí), quien propuso crear el delito de “difusión ilícita de imágenes y sonidos”, para castigar con hasta 4 años de prisión a quienes difundamos memes en internet. Por supuesto, la marabunta de las redes sociales reaccionó convirtiendo a la inepta legisladora (que, por cierto, es un meme viviente) en una estrella digital a la altura de MC Dinero o del dibujo de la camioneta Nissan, y la señora Orta dio marcha atrás.

Este es el caso más reciente, pero no es, ni de lejos, el único. En los últimos años los legisladores del PRI se han especializado en misiones suicidas para promover iniciativas que limiten e incluso criminalicen la libre expresión. Y, para que usted, estimado lector, no crea que lo digo por mala fe, aquí van algunos ejemplos:

·         El octubre del año pasado, el senador Omar Fayad (actual candidato del PRI al gobierno de Hidalgo) presentó una iniciativa para crear la “Ley Federal Para Prevenir Y Sancionar Los Delitos Informáticos”, que incluía hasta 28 años de cárcel para quienes difundan contenido que desestabilice “la paz pública” y 10 años de cárcel a quienes participen en plataformas como Wikileaks.

 ·         En junio del 2015, la diputada local sonorense, Selma Guadalupe Gómez Cabrera, (del PVEM, que es lo mismo que el PRI) presentó la iniciativa de “Ley de Responsabilidad Civil para la Protección del Derecho a la vida privada, el honor y la propia imagen” donde proponía castigar los memes con una multa de hasta 350 salarios mínimos.

·         El 27 de enero del 2010, el diputado federal Arturo Zamora Jiménez (PRI-Jalisco) propuso reformar el Código Penal Federal con el objetivo de “sancionar con multa de 100 a 200 días y prisión de 1 a 6 años a quien injurie o difame a las instituciones, autoridades electorales, partidos políticos, precandidatos, candidatos o coaliciones”. La propuesta fue rechazada por la cámara dos años después.

Por supuesto, el primer elemento que comparten todos estos delirios es la propensión de los legisladores a proponer idioteces con tal de aparentar que están trabajando. Hace algunas semanas comentábamos que, por ejemplo, entre los periodos 1997-2000 y 2012-2015, los diputados federales septuplicaron el número de ocurrencias y, como ni siquiera ellos se las creen, desplomaron en 3 cuartas partes el porcentaje de aprobación de sus iniciativas basura.

El segundo motivo detrás de estas amenazas de censura es el autoritarismo tradicional de los tricolores, que no pueden disimular; por más que se disfracen de demócratas, los cuernos de la dictadura les siguen saliendo de la frente y las maldades de la tiranía les siguen saliendo del …aparato legislativo.

Sin embargo, la obsesión por presentar iniciativas y los vicios autoritarios sólo nos cuentan la mitad de la historia. La otra mitad la representa el tercero de los inconfesables motivos detrás de la señora Orta y el señor Fayad: el miedo. Sí, el miedo a un entorno político en el que ya no es posible controlar o siquiera centralizar la información.

Explico por qué: hasta hace unos años las mafias políticas podían controlar sin mayores dificultades el flujo de información. Bastaba un par de llamadas a los dos o tres periódicos de un municipio promedio o incluso una capital de estado, para que la prensa no cubriera algún episodio incómodo para las camarillas políticas, o para que una noticia fuera “adaptada”.

 Por supuesto, también había ataques de mala leche y patadas por debajo de la mesa, que eran la especialidad de los “pasquines”, e indirectas lanzadas desde las páginas de opinión de los diarios. Es un juego que podía ser muy cruel, pero que era comprensible. Cualquier grillo de medio pelo sabía quién manejaba a los pasquines y de dónde provenían los golpes. Del mismo modo, los políticos ubicaban quién patrocinaba a cada columnista y a cada junta editorial. Como resultado, tan sólo leyendo los periódicos, una persona medianamente enterada podía saber exactamente cómo estaban las líneas de batalla entre las mafias políticas y actuar en consecuencia.

 Hoy ya no es así. Por supuesto, los grandes diarios siguen existiendo y los mensajeros periodísticos también, pero ahora ya no son los únicos mensajeros. Hay una auténtica multitud de medios digitales y cuentas de Facebook o twitter especializadas en temas políticos, por lo que aquellos tiempos de censurar la información con una simple llamada al gerente de “El Sol de (la ciudad que usted guste)” se han acabado.

 Lo peor para los políticos es que ya no pueden saber con exactitud de quién vienen los golpes. Un usuario entusiasta de las redes sociales puede, por su gusto y cuenta, detonar un escándalo, viralizar un rumor o, al menos, amargarle el día a los grillos profesionales, y no hay como pararlo, porque es imposible negociar en lo obscurito con más de 50 millones de personas (Según AMIPCI, en 2014 había 53.9 millones de mexicanos conectados a internet y, de acuerdo con Forbes, el 98.2% de los usuarios de internet en México se conectan a redes sociales, el porcentaje más alto del mundo).

 Esa incertidumbre y esa sensación de impotencia ante las mareas digitales es lo que desespera a los políticos, especialmente aquellos formados en la escuela tradicional. No pueden entender cómo los ciudadanos se creen con el poder de cuestionar sus decisiones y exhibir sus tranzas. Antes era un juego de caballeros, donde podían destruirse, pero bajo una serie de reglas que todos los grillos entendían; Ahora, el golpe puede venir de donde sea y no hay forma de regresarlo.

 En otras palabras: Antes la política era un “Juego de Tronos” con un poquito de velada victoriana; ahora es los “Juegos del Hambre” con un tinte de Fuente Ovejuna, y eso, en el fondo de su negro corazón, no lo pueden aceptar.

Con información de: sdpnoticias.com

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