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El Chapo no estará en la misma celda

Perros entrenados especialmente para detectar el olor de Joaquín Guzmán Loera son sólo un renglón de las novedades que ha instalado el gobierno federal para reforzar el cuidado del “Chapo” en el penal del Altiplano, según la respuesta a una solicitud de información a la Comisión Nacional de Seguridad (CNS).

Estos “binomios caninos” -los perros van siempre acompañados de sus guías humanos- forman parte del nuevo plan oficial para que, tras el ridículo en que quedó por la fuga del líder del cártel de Sinaloa, Almoloya sea realmente de máxima seguridad.

De entrada, “El Chapo”, según explica la CNS, no permanecerá en la misma celda. En el transcurso de sus primeras cinco noches, lo cambiaron siete veces, sin un patrón: puede estar horas o minutos en cualquiera de las más de treinta celdas con supervisión especial.

Cada traslado ha sido autorizado personalmente por Eduardo Guerrero Durán, el comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social (OADPRS) de la CNS. Cuando se mueve dentro del penal, lo sigue un grupo de custodios con cámaras instaladas en los cascos. Cuando está dentro de la celda, algunos de ellos permanecen justo afuera con la instrucción de verlo y grabarlo siempre. Cada vez que sale, el recinto es revisado.

Además están las cámaras fijas, afirman, ya sin “puntos ciegos” en sus tomas. La noche de la fuga funcionaban cien. De acuerdo con el OADPRS se ha cuadruplicado el número de cámaras y para abril ya se habrán multiplicado por diez. Serán como mil. Además, son cámaras de las llamadas inteligentes, con tecnología térmica de última generación, que se presumen capaces de identificar rutinas de conducta en su vigilado y lanzar una alerta ante situaciones inusuales.

En el gobierno federal hay aún una disputa interna sobre si para la fuga del “Chapo” los funcionarios penitenciarios se corrompieron, estuvieron amenazados o sencillamente fueron omisos. La CNS, según esta información que le presento en exclusiva, creó un nuevo grupo de élite dedicado únicamente a la vigilancia del capo de Sinaloa, con personal que se va rotando y es ajeno a la estructura del Cefereso número uno.

Las salidas del “Chapo” a los locutorios para platicar con sus abogados y a las estancias de visita familiar y conyugal, mucho más frecuentes de lo habitual y permitido, constituyeron otra de las irregularidades que investiga el Ministerio Público Federal desde la fuga de julio. Según fuentes de la Comisión Nacional de Seguridad, encargada de los penales federales, tras su recaptura, al “Chapo” se le han restringido al mínimo estos encuentros y se han endurecido los requisitos para tener acceso a él.

Según la investigación de la PGR, la noche del escape de Guzmán Loera no estaban conectados muchos de los sistemas de seguridad: el Intelliwave de microondas, el geofónico que percibe movimientos por debajo de la tierra, los sensores Intellifiber para evitar escalamientos en mallas, los detectores de movimiento Dreambox y el Pyramid para alertar por presencias extrañas en ductos y azoteas.

La CNS, que encabeza Renato Sales porque su antecesor Monte Alejandro Rubido renunció por la fuga, asegura que todos estos sistemas han sido actualizados y se encuentran funcionando, y que para minimizar riesgos incluso se han realizado adaptaciones para desviar los tubos de agua del Sistema Cutzamala que solían pasar bajo el terreno sobre el que se erige el penal del Altiplano.

No son las únicas remodelaciones. Ya en esta columna le revelé en septiembre pasado (“Instalan piso antichapo en Almoloya”) que estaban reforzando el suelo con tres rejas de varillas de acero de ¾ de pulgada y cambiando las letrinas por excusados. También endurecieron los barrotes.

La información oficial establece que como algunos trabajos de construcción continúan, se cumple un protocolo de control de herramientas que ingresan al penal y hasta los cuchillos de la cocina tienen su silueta dibujada en la pared para notar cuando no estén en su lugar, y quien los tome debe dejar un papel con su nombre. Como si se tratara de un dedicatoria a la primera fuga, la de 2001 de Puente Grande, los carritos de lavandería pasan también por rayos X.

Además, de acuerdo con la CNS, todos los vehículos que entran al estacionamiento de la prisión -de abogados, familiares, visitas- son sometidos a un escaneo con aparatos Rapiscan. Las personas también son escaneadas con tecnología moderna para ver si no llevan algo indebido adherido al cuerpo o incluso debajo de la piel y se les toman muestras en las palmas de las manos para determinar si guardan rastros de alguna sustancia peligrosa (la internacionalmente conocida en aeropuertos prueba Swab).

El reporte explica que hay cuatro círculos de vigilancia: el más interior es el que lleva el departamento de Seguridad y Custodia Penitenciaria, luego el del área de Protección Federal, la Policía Federal tiene la misión de blindar el penal y el Ejército cuidar el perímetro más externo.

Además, se estableció un “mando único” en manos del Órgano Administrativo Desconcentrado de Prevención y Readaptación Social, en lugar de los cinco que existían el 11 de julio del 2015 cuando el famoso reo se evadió.

Aquella noche, tardaron tres horas en activar el “código rojo”. Se escucha muy rimbombante, pero lo único que tenían que hacer era apretar un botón. Y nadie lo apretó. Ahora, entre el nuevo personal de custodia, se divulgó un protocolo de activación de esta alerta y se realizan simulacros para practicar su uso.

Orden de tacos fue clave

La pista final que obtuvo la Marina para encontrar a Joaquín “El Chapo” Guzmán fue una “enorme orden de tacos”, de acuerdo con un artículo publicado ayer domingo por The New York Times.

En el texto “Cómo ‘El Chapo’ fue finalmente capturado, otra vez”, el periodista Azam Ahmed narra los detalles de la operación para encontrar y detener al capo, quien fue recapturado el pasado 9 de enero.

El diario estadounidense detalla que los marinos llevaban ya más de seis meses tras el rastro de Guzmán Loera, desde que escapara el pasado 11 de julio del penal de máxima seguridad del Altiplano, en el Estado de México.

El capo ya había evadido varias redadas de las autoridades, incluyendo una rápida revisión tras reunirse con el actor estadounidense Sean Penn.

Perseguido por las fuerzas federales, que ya habían registrado 18 de las casas y propiedades del capo en su tierra natal, Joaquín Guzmán llegó en enero a una casa en la ciudad de Los Mochis, Sinaloa, buscando un poco de confort tras huir por las inhóspitas montañas de la zona conocida como Triángulo Dorado.

Las autoridades ya habían rastreado en esa misma vivienda a uno de los hombres que ayudaron al “Chapo” a construir su túnel de escape del penal del Altiplano. Equipos de construcción estuvieron trabajando durante semanas en la vivienda y escuchas telefónicas indicaban que alguien muy importante estaba a punto de llegar.

La evidencia final fue, según confirmaron funcionarios mexicanos al NYT, una orden de comida.

A sólo dos cuadras de la casa, una “enorme orden de tacos” fue recogida después de la medianoche del 8 de enero por un hombre en una camioneta blanca, igual a la que se creía que era conducida por los hombres de Guzmán, según relataron testigos al diario estadounidense.

Horas más tarde, a las 04:30 horas, los marinos entraron al complejo. Tras un intenso enfrentamiento armado, en el que fueron abatidos varios sicarios y un marino resultó herido, “El Chapo” logró escapar por uno de los dos túneles que habían sido construidos en la casa.

Tras robar a mano armada dos vehículos, primero un Volkswagen blanco que falló casi de inmediato, y luego un Focus rojo, Joaquín Guzmán y uno de sus hombres fueron detenidos por miembros de la Marina mexicana en una carretera a las afueras de Los Mochis.

Fuente y Créditos: elsiglodetorreon.com.mx
Enlace a la fuente original: No estará en la misma celda

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