Niños y adolescentes de México, entre el narcomenudeo y la drogadicción

‘Diego’ tiene apenas 14 años y ya se drogó con marihuana y ‘thinner’ (un diluyente tóxico empleado para adelgazar pintura). A mediados de diciembre de 2017 dejó la escuela y escapó de su hogar, ubicado en la conflictiva colonia Guerrero, en la Ciudad de México.

Hijo de padres separados, el adolescente asegura que su vida dio un giro: “Ya no pensaba en estudiar; pensaba en sobrevivir solo, sin mis papás”. Atrás parecían haber quedado sus sueños de ser ingeniero automotriz.

De inmediato fue enrolado en las filas del narcomenudeo, porque la venta minorista de drogas ilegales emplea cada vez más a niños y adolescentes. Tan solo en la capital del país, la Secretaría de Seguridad Pública reporta que un 13% de los detenidos por ese delito tiene entre 15 y 17 años de edad.

Para ‘Diego’, vivir con su madre ya no era opción. “Me dice que soy la causa de sus problemas; y mi papá, que está decepcionado de mí. Así que creí que ya no me querían por todo lo que había hecho”.

Desesperados, ambos progenitores levantaron una denuncia ante las autoridades del gobierno local y, en turnos, visitaban todos los lugares donde el niño podría estar. Hasta que, por fin, tres días después, lo recuperaron.

Niños vulnerables

La psiquiatra Mariana Azcárraga Quiza, especialista en adicciones, explica que los niños y adolescentes son altamente vulnerables a las drogas por la presión que sienten para adaptarse o pertenecer a un grupo social.

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En otros casos, señala, es porque suplen con amigos –que ya son consumidores de sustancias– el vínculo afectivo que no tienen en su familia o escuela.

Para la directora del Centro Universitario de Salud y Bienestar de la Universidad Panamericana, el mejor factor protector es que la familia se mantenga unida y emocionalmente involucrada con la educación y el crecimiento de niños y jóvenes.

Algo que, sin embargo, parece no estar ocurriendo. Según la oficial Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017, el consumo de drogas entre adolescentes ha aumentado en todo el país, principalmente de marihuana.

Mientras que en 2011 el 10,6% de varones consumía la también llamada ‘mota’, ahora lo hace el 14%; y el 1,6% de mujeres se dobló al 3,7% en el mismo periodo, reporta la Encuesta.

Violencia, otro factor

La primera vez que ‘Diego’ probó la marihuana fue porque su madre lo mandó a comprar una dosis, para “aliviar sus dolores”. Antes de eso –a escondidas– había consumido alcohol y tabaco.

Para la doctora Azcárraga Quiza, en los hogares donde las drogas legales son muy permitidas se adelanta el primer consumo, por lo que, eventualmente, el niño o adolescente también consumirá otro tipo de sustancias.

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A ello se suma la condición social. “En hogares con escasos recursos, los papás están ausentes porque trabajan, y el único medio que tienen los niños y adolescentes es el grupo que está en la calle. Hay colonias y lugares donde los únicos amigos que pueden tener son consumidores de drogas”.

El ambiente en el que se desarrolla el infante es muy violento, añade la especialista en adicciones, porque los padres viven con mucho estrés: trabajan para sacar el día y normalmente son muy agresivos con sus familias.

El narcomenudeo

Para el niño o adolescente, pasar del consumo de drogas a delinquir es muy fácil, considera Azcárraga Quiza. Y eso le sucedió a ‘Diego’, quien para sobrevivir sin sus padres tuvo como única opción lo que llama “vender vicio”.

Su contacto fue a quien le compra la yerba, un hombre de unos 32 años de edad. “Me iba a dar de todo: marihuana, ‘monas’ [‘thinner’ o inhalables], cocaína. Si vendía cocaína me iba a pagar 30 pesos [1,5 dólares] por cada bolsita. Si vendía mota, 20 pesos [un dólar]. La ‘mona’, depende de cuánto vendiera, porque la botella [de unos 30 mililitros] cuesta cinco pesos [25 céntimos de dólar]”.

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Callejeros en la Ciudad de México

A vender vicio ‘Diego’ no llegó solo, iba con otras dos adolescentes –una de ellas, su novia– que escaparon de sus casas al mismo tiempo que él. Además, en el lugar donde les explicaron “el negocio” habían otros seis varones y cuatro mujeres de entre 13 y 20 años, según calcula.

Salir del problema

La psiquiatra Azcárraga Quiza señala que los niños con problemas de adicción sí pueden recuperarse. “Cuando ya tienen un trastorno, una adicción, lo ideal es buscar ayuda profesional, y pueden hacerlo en los [gubernamentales] Centros de Integración Juvenil o en fundaciones”.

Esa ayuda, indica, requiere que la familia se involucre. “Los niños y adolescentes que consumen lo hacen por una ausencia de límites, de vínculo afectivo, por problemas en la comunicación con los papás o en la familia. Y casi en todas las terapias tiene que ir toda la familia y no sólo el adolescente enfermo”.

Para detectar si el hijo es adicto, indica, lo padres deben observar si ha desarrollado tolerancia –necesita más dosis para lograr el efecto deseado–, tiene síntomas de abstinencia y dificultades en el resto de su vida: no va a la escuela y se mete en problemas legales.

Fuente: actualidad.rt.com

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