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Ni CABIFY, ni UBER… nuestras “plataformas de seguridad” han desparecido…

Mara, como muchas adolescentes sólo quería divertirse…


Después de la lamentable desaparición de Mara Fernanda Castilla, el director de Cabify había declarado que esta era la primera vez que un usuario de su plataforma desaparece. Aseveró que nunca en ninguna parte del mundo había pasado algo similar desde la fundación de la empresa. ¿Ahora qué dirá después de confirmada su muerte?

Muchos mexicanos, en su momento, apreciamos y apoyamos la aparición de este tipo de servicio el cual garantizaba nuestra seguridad. Para ser contratados, los choferes son investigados, y deben de cumplir con ciertos requisitos: credencial de elector, carta de antecedentes no penales, asistir a un curso de capacitación de seis horas de duración (muy cuestionable), y se les aplican exámenes psicológicos y psicométricos para que la compañía tenga la seguridad de que contrata a personas honestas, sin vicios, en las cuales pueden depositar la integridad y la vida de los usuarios que ciegamente confiaban en el servicio.

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Mara, linda adolescente, alegre, llena de vida, confió en ellos y la mataron…

Se trataba de una joven con todo el derecho a divertirse, a disfrutar de la vida. Mara Fernanda se esfumó dentro de ese automóvil socio de la empresa Cabify, la madrugada del sábado pasado cuando regresaba a su casa después de haber disfrutado de una velada en compañía de sus amigos. Se subió en el auto que en vez de llevarla a su casa, la llevó hacia la muerte.

El trayecto de Mara, se convirtió en horas, en interminables minutos de vulnerabilidad, de agonía, de soledad y de terror inimaginables…

La compañía se deslinda de toda responsabilidad. ¿Acaso no se jacta de brindar un servicio seguro? Cabify al igual que Uber, debido a la gran demanda de usuarios, bajaron sus estándares de selección. El negocio es primero, la seguridad de los usuarios viene después, distintivo de este país.

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La mamá de Mara había declarado ante los medios: “mi hija tiene muchas ganas de vivir…”, la describió como una niña alegre, con muchos amigos y con muchos planes de vida  y desgraciadamente cayó en las manos de un vil asesino contratado por una empresa irresponsable, que se jactaba de brindarles seguridad a sus clientes, todos confiábamos en ellos…

Su madre había dicho también: “Mara, donde quiera que estés no decaigas, agárrate de Dios, confía, te vamos a encontrar”. Cabía en su mamá  y en todos nosotros la esperanza de que así fuera, y la encontraron, pero sin vida. Le fue arrancado su futuro, su alegría, su juventud, su esencia… La familia Castilla está viviendo un infierno.

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 Miles de madres y padres viven la tortura de tener a una hija asesinada. Miles de mujeres sufren de violencia, y este gobierno hace caso omiso ante tantos feminicidios, la vida de las mujeres no tiene valor para ellos. Es indignante y triste que muchas veces gente insensible, incluidos algunos  funcionarios, se atrevan a decir que la mujer tuvo la culpa de lo que le sucedió por haberse expuesto. Ninguna mujer es culpable cuando es víctima de abuso, ninguna hija, madre, hermana, merece ser asesinada.

Mara, como muchas adolescentes sólo quería divertirse…

Fuente: sdpnoticias.com

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