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México, pionero en escuelas para perros guía en AL

CIUDAD DE MÉXICO.-

Silvia Lozada tiene 53 años, es licenciada en derecho y es ciega desde los tres años. Desde los 13 tuvo la necesidad de trasladarse a la escuela por su cuenta, así que aprendió a usar el bastón a la perfección. Sin embargo, los recorridos nunca fueron sencillos.

Los obstáculos que existen en una ciudad tan caótica como la Ciudad de México le impedían moverse con rapidez. Por eso, a los 19 años, la joven originaria de Hidalgo, viajó a la escuela Leaders Dogs for the Blind (Perros líderes para ciegos), ubicada en Michigan para solicitar el apoyo de un perro guía. En México no existía ninguna institución que realizara esa labor.

“Fue maravilloso sentir la libertad que Duchess (una perra guía pastor alemán) me dio”, relata Lozada a Verne en entrevista telefónica.

“Eso me hizo querer apoyar a mis compañeros con discapacidad visual. Quería que, como yo, mejorarán su movilidad con el apoyo de un perro guía”. Con eso en mente, en 1988, Lozada fundó la Escuela para entrenamiento de perros guía para ciegos, la primera en México y América Latina.



De acuerdo con Lozada, el camino para crear este espacio no fue fácil. Conseguir el terreno para las instalaciones, buscar financiamiento y cambiar las leyes fue una labor que duró años.

“Cuando yo llegué a México, hace 34 años, noté que no había conciencia del trabajo de los perros guía. En todos los lugares me impedían el acceso, tenía que explicarles que era indispensable para la movilidad de las personas ciegas, pero no había leyes como ahora, que favorecieran el libre acceso de los perros”, comenta.

Una espera que vale la pena

En 28 años, la Escuela para entrenamiento de perros guía ha apoyado a 112 personas con ceguera. Algunos podrían decir que es poco, pero la realidad es que la selección y el entrenamiento de estos canes no son un proceso rápido. Antes de graduarse como guía, el perro es preparado durante dos años.

“Desde cachorros reciben estímulos cuando se encuentran en proceso de lactancia para generar en ellos un buen temperamento y que comiencen su socialización a las seis semanas”, explica Lozada.

“Al cumplir un año empiezan su entrenamiento especializado y año y medio después están listos para salir con una persona ciega a la calle. Estamos conscientes que de cada perro depende la vida de un ser humano”.



Una vez que el perro está listo, se realiza el proceso de formación del binomio (perro-persona invidente) el cual dura cuatro semanas. La persona que es seleccionada por la institución y cubre los requisitos para recibir un perro guía, debe acudir y permanecer en la institución durante cuatro semanas.

“En ese tiempo aprenden a darle los cuidados a su perrito. A alimentarlo, cepillarlo, llevarlo al baño y a quererlo, pues ahora ese ser vivo fungirá como sus ojos”.

“Si eres ciego, tener un perro guía es como tener alas”

Cuando el psicoterapeuta Omar Lezama tuvo su primer perro guía tenía 21 años y estaba estudiando el tercer semestre de la carrera en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Hoy tiene 37 años y va por su tercer perro. “Antes de tener un guía consideraba que tenía muy buena movilidad, pero mi vida cambió drásticamente cuando conocí a Elsy, mi primer perro”, relata Lezama de 37 años.

Lezama terminó la licenciatura, trabajó como psicoterapeuta particular y también como profesor de computación en una escuela para personas invidentes. Actualmente trabaja en la Escuela para Entrenamiento de perros guía para ciegos atendiendo a personas que adquirieron la discapacidad en edad adulta. Y sí, siempre ha estado acompañado de su perro.

“Es como tener alas en el mundo. Cuando te manejas con un bastón tienes la habilidad de moverte y ubicarte, pero el perro guía te da esa seguridad y velocidad que no te daría ni tu propia familia”, asegura Lezama. “No importa el clima, la hora, el perro no te pone ninguna traba. Es un amor incondicional”.



La institución que encabeza Lozada está atravesando una etapa difícil, pues las donaciones y financiamientos que la sostienen cada vez son menos.

“No queremos dejar de ayudar a la gente, pero tenemos riesgo de cerrar por falta de donativos”, dice.

“Nosotros no vendemos los perros. Hacemos actividades de procuración de fondos, también buscamos donativos, hacemos colectas y eventos, pero no ha sido suficiente”.

Lezama agrega: “Ese momento en el que tu perro se despega de ti es duro, porque sientes que pierdes parte de tu vida. Hay historias, momentos, vivencias y experiencias que solo vivimos gracias a ellos”, comenta.

“Si la institución deja de existir, muchos perderíamos la oportunidad de experimentar y de vivir muchas cosas”.

Si te interesa hacer una donación a la Escuela para Entrenamiento de Perros Guía para Ciegos visita su web.

Fuente: sipse.com

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