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México es líder en insectos comestibles: FAO

CIUDAD DE MEXICO.- Mientras la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) hace la pregunta de si los insectos podrían contribuir a la seguridad alimentaria del mundo, México se aproxima a la celebración de los 500 años de la Historia general de las cosas de la Nueva España, donde fray Bernardino de Sahagún describió en 1569 al chapoli o chapulín, que gana fama en los restaurantes de México y del extranjero.

El simpático saltamontes que dio su nombre a Chapultepec, el parque emblemático de la Ciudad de México, y al personaje del Chapulín Colorado que conquistó a los televidentes de habla hispana, es un caso típico de los productos acreedores a la denominación de origen que la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual otorgó al “cognac”, al “oporto” “La Habana” o al “tequila” por sus características vinculadas a su origen.

Hoy cada taco de chapulines se vende a 5 dólares en establecimientos como El Oyamel, un restaurante cercano a la estación del Metro Archives de Washington, la capital estadunidense. Aunque en México el mismo taco se venda por unos cuantos pesos sazonado con salsa más picante o los chapulines se despachen de plano sin tortilla, en un cono o cucurucho donde el cliente baña los saltamontes fritos de chile rojo y jugo de limón.

Pero eso es sólo el principio de esta historia que fray Bernardino de Sahagún empezó a escribir hace medio milenio y que los mercados tradicionales de México mantienen viva hoy con sus canastos de acociles, jumiles, gusanos de maguey, escamoles, chinicuiles, pulgones, chinches de agua, escarabajos, hormigas, gorgojos y larvas.

Los mismos insectos que comieron las naciones originarias de ayer y que en la actualidad ya forman parte del patrimonio culinario de México reconocido por la UNESCO.

El reto de alimentar a 
9 mil millones en 2050

El acelerado crecimiento de la población mundial ha hecho sonar la alerta de la FAO mientras el World Population Clock, un conteo de población en línea elaborado por la Universidad de Princeton, en sincronía con el U.S. Census Bureau, informaba en tiempo real que la población mundial se elevaba a 7 mil 362 mil millones de seres humanos con más de 100 mil nacimientos contra 70 mil decesos.

“Se espera que la cifra suba a 8 mil millones de personas en la primavera de 2024”, estiman los creadores del conteo en línea coordinado por sir Thomasson para Dadax, una firma independiente.

Con esta preocupación a cuestas, Eduardo Rojas Briales, director asistente del Departamento Forestal de la FAO, y Ernst van den Ende, director del Departamento de Ciencias de las Plantas del Centro de Investigaciones de la Universidad Wageningen, difundieron en 2013 su informe Edible insects. future prospects for food and feed security, donde México emerge como el país con mayor cantidad y variedad de insectos comestibles del mundo.

Liderazgo

México, con 549 especies de insectos clasificados por la doctora Julieta Ramos Elorduy y su equipo de investigadores del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), fue el país más rico en insectos. En China, Chen, X., Feng, Y. & Cheng, Z (2009) documentaron 170 especies, y más de 164 especies en Laos, Tailandia y Myanmar.

Mientras, Paoletti y Dufour (2005) identificaron a 428 insectos comibles en la Amazonia. Las cifras fueron contrastadas con cálculos más conservadores.

Ramos Elorduy, autora de Creeply Crawly Cuisine (1998), es considerada por la casa editorial Simon & Schuster como “la máxima autoridad mundial en la materia.

“Los insectos son una fuente alimenticia altamente nutritiva y saludable, con alto contenido de grasas, proteínas, vitaminas, fibras y minerales”, dicen Rojas-Briales y Den Ende en su informe para la FAO.

Ambos calculan que en 2050 habrá 9 mil millones de humanos y que será necesario duplicar la producción de alimentos, a pesar de que la tierra de cultivo y el agua potable serán más escasos, los océanos habrán sido sobreexplotados y el planeta sufrirá las consecuencias del cambio climático.

“La composición del aceite insaturado omega-3 y de seis ácidos grasos de los gusanos de la harina se compara con la del pescado (y más alta que en el ganado y los cerdos), y las proteínas, vitaminas y minerales de estos gusanos son similares a las del pescado y la carne”, dijeron en su informe para la FAO, siempre y cuando, aclararon los investigadores, los insectos mismos estén bien alimentados.

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