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“La Ley viola los derechos de cirqueros y animales”: Renato Fuentes

MANAGUA, Nicaragua.- La próxima semana, Gran Cacique, Diría y Alexis, los tres hermosos tigres de bengala que nacieron en febrero pasado en Nicaragua en el circo de don Renato Fuentes Gasca, van a ser bautizados en una iglesia del departamento de Carazo, a unos 70 kilómetros al sur de la capital Managua, porque “como decía el poeta nicaragüense Rubén Darío, que revolucionó la lengua castellana, ‘no hay alma más pura que la de las bestias’, y porque ellos también tienen derecho a ser bautizados”.

Así nos dice Renato Fuentes Townsend, uno de los hijos de don Renato Fuentes Gasca, que alternó en el teléfono con su padre durante la entrevista que Milenio le hizo ante su deseo expreso de retornar a México por las dificultades que atraviesan para mantenerse económicamente y porque “estoy muy enfermo, hasta me echaron del hospital porque ya no podían picarme las venas, ya no me las encontraban”.

A comienzos de febrero, entrevistamos en Nicaragua a don Renato cuando él y su circo estaban en Camoapa, Boaco, a unos 120 kilómetros de Managua. Entonces, el legendario payaso dueño del circo de los Hermanos Gasca en “Buenavista, Buenavista, Buenavista”, como rezaba el spot publicitario, estaba decidido a permanecer en el país centroamericano con tal de que no le quitaran en México a “mis compañeros de vida”: cuatro imponentes tigres, dos elefantas de 40 y 60 años, dos dromedarios y varios ponis y caballos percherones, entre otros animales.

Hoy, con la salud quebrantada, en parte por la tristeza; una elefanta menos, Samba, la mayor, que murió a comienzos de este mes por un cólico fulminante —”algo que me entristeció mucho también”, dice don Renato—, pero con la familia de tigres ampliada a siete gracias a los tres nuevos cachorros —”que son la delicia de todos los niños que pueden acariciarlos”—, la leyenda del circo mexicano y también una parte de la historia cultural de América Latina, plantea lo contrario: “Necesito que me ayuden, que alguien hable con el gobierno de México, porque ellos a nosotros no nos hacen caso. Yo me quiero regresar, estoy muy mal de salud, pero no quiero que maten o me quiten a mis animales. Acabo de estar 10 días internado en el Hospital Lenin Cerna, en Managua. Un hospital del gobierno, pero me echaron porque ya no podían picarme las venas, ya no me las encontraban.”

¿Han intentado hablar con alguien del gobierno en México?

No nos quieren escuchar. ¡Mire usted el daño que nos hizo el Partido Verde que ganó tantos millones a costa de los circos! ¡Qué podemos hacer con partidos políticos tan insensibles!

¿No se han amparado?

Han habido cinco amparos, creo, de distintos circos pero han sido rechazados. Lo único que quieren es quitarnos nuestros animales. Pero mejor le paso a mi hijo —dice don Renato, con la voz cansada después de otra sesión cotidiana de diálisis.

Su padre está muy delicado…

Sí, enfermo y muy indignado –responde su hijo, a cargo del cuidado y entrenamiento de los animales. Su otro hermano prefirió ser payaso, siguiendo la tradición de los Fuentes Gasca, que se remonta a comienzos del siglo pasado.

Los planes de los Fuentes Gasca es permanecer en Nicaragua otros tres meses, ya que el tres de junio van a presentarse en Managua. Ahí estarán uno o dos meses, si es que los grupos ecologistas no los echan de nuevo, como ocurrió el año pasado.
Por eso los cachorros de bengala nacieron en Camoapa, siendo por cierto muy raro que de una misma camada nazcan cachorros de tres colores diferentes: Gran cacique, el albino y preferido de su mamá, una imponente tigresa nacida en México; la hembra Diría, por Diriamba, una ciudad de Carazo, y el amarillo nombrado en honor al boxeador nicaragüense y fanático del circo, Alexis Argüello.

“Mis amigos de todo el mundo me están pidiendo que les envíe fotos y videos de los cachorros, porque es algo rarísimo esos colores diferentes de una misma madre”, se anima de nuevo don Renato en el teléfono, orgulloso de que las crías estén en perfecto estado, “nuestra octava generación nacida en cautiverio pese a que están en peligro de extinción”. “Si estos animales no estuvieran felices con nosotros, simplemente no tendrían crías”, insiste el hombre con voz digna.

Su hijo concluye: “No podemos salir de Nicaragua hasta no tener un acuerdo con el gobierno de México. Sabemos que está la ley, pero vamos a volver todos juntos con los animales. Ellos tienen derecho a seguir con nosotros porque nacieron en cautiverio y van a sufrir si los separan, no hay lugares que los puedan acoger, ni economía para sostenerlos. El riesgo que enfrentamos es que no existimos para la Semarnat, ya no existen los registros de circos por la misma Ley General de Vida Silvestre. Entonces, ¿quién va a verificar en la frontera que entramos a México con estos ejemplares? La Ley ha violado los derechos de los cirqueros, y también el derecho de los animales.

Con información de: sipse.com

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