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El clero de migrantes, excluido de la visita

Ciudad Juárez, Chihuahua, es la última parada del papa Francisco en México. En este “punto emblemático” de la frontera norte, a donde llegaron en el último año 20 mil personas que intentaron cruzar hacia Estados Unidos y 10 mil más que fueron deportadas, el pontífice ofrecerá una misa al pie de la Cruz de los Migrantes. Es una estructura de 6 metros de alto, colocada en el límite con El Paso, Texas, que tiene grabados tres símbolos: la flor negra de los dominicos, las estrellas de la Virgen María y el de la familia Scalabriniana, una congregación formada en Italia en el siglo XIX, dedicada en todo el mundo a la atención de los migrantes.

En el lugar habrá 2,100 lugares reservados para migrantes. Pero allí no estarán la hermana Leticia Gutiérrez Valderrama, directora de Scalabrinianas: Misión para Migrantes y Refugiados, ni el padre Alejandro Solalinde, quien dirige el albergue Hermanos en el Camino, de Ixtepec, Oaxaca. Tampoco figuran los nombres de los padre Pedro Pantoja y Raúl Vera, de Saltillo, Coahuila, y también defensores de migrantes.

Como ellos, muchos de los clérigos, religiosas y laicos que durante años han atendido a hombres, mujeres y niños migrantes, estarán excluidos del encuentro con el papa Francisco. Su ausencia llama la atención de Manuel Ceballos, doctor en historia, investigador de El Colegio de la Frontera Norte y especialista en temas religiosos.

“Causa extrañeza que en Ciudad Juárez no esté prevista la participación, según el programa, de algún eclesiástico dedicado a la migración, como el padre Solalinde o alguno de los sacerdotes de la congregación del beato Scalabrini, que tienen muchas casas de atención a los migrantes”, dice el doctor Ceballos.

La bienvenida al papa Francisco, en cambio, estará a cargo a del obispo auxiliar de Monterrey, Juan Armando Pérez. Pero “hubiera sido más simbólico que tomara la palabra alguien que conoce la migración de cerca”, dice Ceballos. Esas ausencias, agrega, refuerzan la impresión de que en la visita del Papa prevaleció la presencia de obispos y monseñores, por encima de los clérigos comprometidos con esos temas.

“Chiapas fue la excepción, pero en Ecatepec o en la recepción de la Ciudad de México, más bien apareció el alto rango eclesiástico”, dice.

SE APROPIARON DEL PAPA

La hermana Leticia Gutiérrez y padre Solalinde coinciden: la jerarquía católica y la cúpula política se apropiaron de la visita de Francisco a México y cooptaron todos los espacios. “Quienes lo reciben, quienes organizan sus actos y lo acompañan son las élites eclesiásticas y del gobierno, y grupos muy conservadores como los Legionarios de Cristo”, dice Solalinde.

Pero admite que no es culpa del Papa. “Qué puede hacer él si lo llevan con los más corruptos de México”, mientras a los más de 500 defensores de derechos humanos de la Iglesia “no nos dejaron ni acercarnos”, dice Solalinde.

“Es una herida que duele”, admite la hermana Leticia Gutiérrez, directora de Scalabrinianas: Misión para Migrantes y Refugiados, quien apenas vio al Papa “al pie del camino”, como la mayor parte de la gente más necesitada: los pobres, los enfermos, “los desechados”, dice.

Esa ha sido la constante en los diferentes lugares donde ha estado el Papa: en el aeropuerto, en Palacio Nacional, en la Basílica de Gudalupe, y aun en Ecatepec, afirma. “Allí estaban el presidente, su esposa y sus amigos, el gabinete, senadores, diputados, gente de la cúpula, esa elite de traje y corbata que no ha entendido lo que el Papa nos está diciendo”, advierte. A pesar de la cercanía de Francisco con “la gente del camino”, dice la hermana Leticia, la jerarquía católica responsable de la logística no tuvo la suficiente madurez para distinguir los actos de protocolo diplomático de los encuentros en los que “el pastor viene a consolar a un pueblo lacerado y lastimado”. Esa jerarquía católica es precisamente la que “no ha podido ver a los migrantes como parte de la Iglesia, la que les ha volteado la mirada como si fueran el problema de unos cuantos: de las mujeres que les dan de comer en las vías (Las Patronas) o de laicos revoltosos que quieren hacer cambios en política y denuncian el sistema neoliberal perverso, porque no se entiende que los migrantes son parte de esta comunidad”, dice la hermana Leticia.

Para Solalinde hubo algo más que “falta de criterio”, pues está convencido de que la vista del papa estuvo organizada desde el gobierno y el alto clero para no permitir la disidencia. “Aseguraron todos los espacios donde podía haber voces disidentes o protestas”, afirma. Por eso lamente que al Papa llegue sólo la “versión oficial” de la migración en México, y no la verdad más cruda que conocen las más 90 organizaciones y 500 defensores de derechos humanos dedicados a la atención de los migrantes en México.

Solalinde se refiere a las violaciones a derechos humanos que comete el Instituto Nacional de Migración, a los más de 10 mil migrantes secuestrados, los desaparecidos, los mutilados, a los tratados internaciones y las leyes nacionales de protección a los migrantes que no cumple el gobierno mexicano.

“Los que hemos denunciado esas políticas y esas injusticias somos nosotros, a los que no invitaron y no estaremos en Ciudad Juárez”, dice. Prevalecerá, en cambio, la voz “más acrítica y colaboracionista” de la Iglesia católica, que representa el obispo de Cuautitlán, Guillermo Ortiz Mondragón, como titular de la Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana del Episcopado mexicano. “Son personas muy afines al grupo de poder priista en el Estado de México”, afirma Solalinde.

En espera de su mensaje

Como Ecatepec, Estado México, Ciudad Juárez es una síntesis de los problemas que afectan al país, dice Manuel Ceballos, investigador de El Colegio de la Frontera Norte Ceballos, del Colegio de la Frontera Norte. Violencia, exclusión, pobreza, explotación laboral, feminicidios y migración componen el escenario social que recibirá hoy al Papa. Juárez es una ciudad hecha por migrantes de todo el país, por los que llegan de Centroamérica y los que deportan de EU, dice la hermana Leticia. “Es la frontera que expresa los contrastes: la opulencia frente a la pobreza, la miseria y el abandono”.

Ceballos destaca que las palabras de Francisco en Ecatepec ya esbozan el tono de su mensaje en esta frontera. En el municipio mexiquense el Papa habló de un México “donde no haya necesidad de emigrar para soñar, de ser explotado para trabajar, de hacer de la desesperación y la pobreza de muchos el oportunismo de unos pocos”.

Ahora, en Ciudad Juárez, sus palabras cobrarán una dimensión simbólica más amplia, dice Ceballos, no sólo porque se trata de uno de los 9 cruces de migrantes más importantes de la línea fronteriza de 3 mil kilómetros y por la tragedia humana que implica la migración. También, afirma, por la coyuntura política en Estados Unidos, donde el precandidato republicano y multimillonario Donald Trump ha aprovechado el tema para azuzar el rechazo contra los migrantes en aquel país. La hermana Leticia y el padre Solalinde esperan de él palabras más contundentes, aunque en el fondo saben que son improbables.

“Le falta hacernos el llamado a dejar de asesinar migrantes. Aunque tocó de manera muy leve el tema de los practicantes de la muerte, que es una expresión que pude englobar tanta muerte en el país, me habría gustado que hablara de este dolor y de esta muerte que los migrantes padecen en México y que muchos olvidan”, dice la hermana Leticia.

Incluso la homilía abre el espacio para hablar de la migración, porque “es un tema muy cristiano y muy bíblico”, explica el investigador de Colef. Los migrantes, dice la hermana Leticia, son la expresión de la universalidad de la Iglesia. Por eso, dice, “forzosamente tendrá que hablar de migración, pues el escenario que va encontrar no da para olvidarla”. Ceballos confía en que Ciudad Juárez será un gran final para esta visita del Papa. “Quizá esperábamos más de sus palabras -dice el investigador-, pero hay que tener en cuenta que no sólo es jefe de Estado, sino un pastor. A la larga, afirma, esta visita sí va a dar para mucho.

La dura realidad

La situación de los migrantes es dura:

⇒ 30,000 mexicanos emigraban en promedio al año en los años 70

⇒ 400,000 mexicanos emigraban en promedio al año en la primera década del 2000

⇒ 336 emigrantes mexicanos en ruta hacia EU murieron al año, en promedio, entre 2010 y 2013.

⇒ 171,934 centroamericanos fueron presentados ante la autoridad migratoria en 2015.

⇒ 151,510 centroamericanos fueron deportados por México en 2015.

⇒ 27,779 menores centroamericanos fueron devueltos por México a sus países en 2015.

⇒ 11,000 menores migrantes no acompañados en Estados Unidos en 2011

⇒ 70,000 menores migrantes no acompañados en Estados Unidos en 2014

⇒ 73 % provenían de Centroamérica

⇒ 25 % de México

⇒ 2 % de otros países.

Fuente y Créditos: elsiglodetorreon.com.mx
Enlace a la fuente original: El clero de migrantes, excluido de la visita

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