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Consumo y deterioro de expectativas

Wal-Mart

En 2015 la principal fuente del crecimiento de la economía fue el consumo; ese año el PIB aumentó 2.5 por ciento y el consumo privado interno 3.6 por ciento (3.3 por ciento el de bienes nacionales, 3.5 por ciento el de servicios y 5.0 por ciento el de bienes importados, con todo y devaluación). En contraste, la inversión mostró un escaso dinamismo y las exportaciones prácticamente se estancaron.

Al cierre de 2015 e inicios de 2016 los indicadores disponibles muestran que el aumento de la demanda interna continuó sólido: en diciembre el consumo interno creció 5.1 por ciento, tasa superior al promedio anual; en enero las ventas de la Asociación Nacional de Tiendas Departamentales y Autoservicios (ANTAD) subieron 8.6 por ciento respecto al mismo mes de 2015, el mayor aumento de los últimos diez años para un mes de enero; en febrero la ventas en tiendas iguales de Wal-Mart se elevaron 11.6 por ciento, frente a 8.7 por ciento estimado por el mercado y 9.7 por ciento de enero; y en el primer bimestre las ventas internas de automóviles fueron 14.5 por ciento mayores a las del mismo lapso de 2015, en tanto la producción y las exportaciones se contrajeron a tasa anual.

No obstante la evolución del consumo, las estimaciones del crecimiento del PIB se siguen revisando a la baja. De las más recientes, la encuesta de analistas en economía lo ubica en 2.45 por ciento en promedio, el Banco de México las redujo de 2.5-3.5 por ciento a 2.0-3.0 por ciento y en un escenario “pesimista” (pero no remoto); GEA lo sitúa en 1.9 por ciento.

En ello inciden múltiples factores, pero sin duda uno de los más relevantes son las expectativas.

En el caso de las empresariales, que han sido consistentemente pesimistas en los últimos 15 meses -el índice de enero mostró un nuevo deterioro, sobre todo en las manufacturas-, se vinculan directamente con la inversión y su pobre desempeño en casi dos años.

Para 2016 las perspectivas de los empresarios, excepto los del comercio, siguen en terreno negativo.

Las expectativas son uno de mayores determinantes del consumo junto con otras variables “duras” como el tipo de cambio, el ingreso real, el empleo, etcétera.

En febrero el Índice de Confianza de los Consumidores (ICC) decreció 1.7 por ciento anual, mientras que en el mismo mes de 2015 aumentó 6.8 por ciento, con lo que acumuló cuatro caídas en los últimos seis meses; la de febrero fue la más elevada.

Esto se debió a que las previsiones sobre la situación económica futura, tanto la del país como la familiar, se deterioraron significativamente. La primera cayó 5.4 por ciento, mientras que un año antes bajó 0.6 por ciento.

La perspectiva sobre la situación económica del hogar dentro de un año bajó 3.8 por ciento a tasa anual, que se compara con el avance de 3.2 por ciento en febrero de 2015.

El componente que registra la posibilidad de las familias para adquirir bienes duraderos subió 0.6 por ciento anual en febrero, el segundo más bajo desde que el indicador inició una tendencia positiva (octubre de 2014).

En resumen, las expectativas del consumidor sobre el futuro económico se deterioraron sustancialmente; sin embargo, parecería que se aplicó la máxima de “comprar ahora porque no sabemos si vamos a poder comprar después”. Ello ocurrió durante casi todo 2015 y los primeros meses de 2016, aún con la depreciación cambiaria y el deterioro de las expectativas. Pero, como estas últimas, el consumo también puede registrar una elevada volatilidad e incluso revertir sus tendencias de manera abrupta. Ese comportamiento se ha observado en periodos anteriores de inestabilidad (mediados de los 90 y 2008-2009), particularmente cuando se registran procesos de repunte de la inflación.

Si bien el momento actual y previsible a corto plazo dista mucho de esas condiciones, tampoco hay que soslayar la problemática económica de los próximos meses y sus efecto en el consumo interno; por ahora, el único motor que le queda funcionando a la economía para crecer.

Twitter: @ruizfunes

 

Fuente y Créditos: elfinanciero.com.mx
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