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EU: Niños albinos cazados en África tienen esperanza

Al igual que otros niños, a Baraka Cosmas Lusambo le encanta jugar al fútbol. Cuando escucha música, sus pies llevan el ritmo y su rostro dibuja una amplia sonrisa. Cuando estuvo en la piscina con sus flotadores, en este verano, le gustaba arrojar la bola a través de un aro de baloncesto usando su mano izquierda.

Pero la alegría se disipó cuando recordó a un grupo de hombres que irrumpió en su casa al oeste de Tanzania una noche. Armados con antorchas y cuchillos golpearon a su madre, la dejaron inconsciente y a él le cortaron la mano derecha.

“Estábamos durmiendo cuando alguien llegó”, dijo Baraka. “Venían a buscarme con unos machetes”.
Baraka padece de albinismo, una enfermedad que deja con poco o ningún pigmento en la piel y los ojos a quienes lo padecen. En algunas comunidades tradicionales de Tanzania y otros países de África, se cree que los albinos, como se les conoce, tienen propiedades mágicas, y partes de sus cuerpos son vendidos por miles de dólares en el mercado negro como ingredientes de pociones de brujos que, dicen, dan buena suerte y prosperidad a quién las use.

Baraka y otros cuatro niños de la familia que padecen la enfermedad escaparon a esta amenaza, al menos temporalmente, y fueron traídos a Estados Unidos por el Global Medical Relief Fund, una organización caritativa iniciada por Elissa Montanti en 1997, y que ayuda a los niños a encontrar prótesis personalizadas.

Montanti, que leyó un artículo la historia de Baraka, se acercó a Under the Same Sun, un grupo con sede en Canadá que defiende y protege a las personas con albinismo en Tanzania y que había servido de refugio a Baraka tras el ataque que ocurrió en marzo.

Cuando Montanti les preguntó cómo podía ayudar, el grupo le preguntó si ella tendría prótesis para otras cuatro víctimas más. Ella aceptó y se llevó a los cinco chicos a pasar el verano en una casa de Staten Island, Nueva York, donde aprendieron a usar las prótesis en el Philadelphia Shriners Hospital for Children, a dos horas de camino.

“Ellos no van a volver a tener su brazo”, dijo Montanti. “Pero están recibiendo algo que les va a ayudar a llevar una vida productiva, a hacer parte de la sociedad y a no ser vistos como un bicho raro o menos que los demás”.

El albinismo afecta a una de cada 15 mil personas en Tanzania, según la ONU. Cualquier persona con la afección se encuentra en riesgo de ser atacado e, incluso, quienes ya han sido víctimas pueden ser violentados de nuevo.

El gobierno de ese país prohibió la brujería el año pasado con la esperanza de reducir los ataques, pero la nueva ley no ha detenido la matanza. De hecho, se produjo un fuerte aumento de los ataques en Malawi, país vecino de Tanzania. Según Naciones Unidas, en esa nación se registraron al menos ocho ataques en 2014.

Los niños han estado en Estados Unidos desde junio. En unos meses, cuando reciban sus prótesis y aprendan a manejarlas, van a retornar a las casas de seguridad en Tanzania que son manejadas por la organización “Under the Same Sun”, y Montanti los traerá de vuelta al país cuando crezcan y necesiten nuevas prótesis.

A Baraka le dieron hace poco la prótesis de su mano derecha. Metió su brazo en la mano plástica de color carne y apenas pudo levantarla. Era de esperarse: con el tiempo se espera que adquiera la fortaleza una vez la prótesis le sea puesta.

Otra niña que fue víctima de la misma clase de traficantes, Kabula Nkarango Masanja, de 17 años, dijo que quienes la atacaron le pidieron primero dinero a su familia y que su madre ofreció la bicicleta de la casa porque no tenían nada más. Los delincuentes se negaron, tiraron al suelo y sujetaron a la niña y de tres machetazos le cortaron su brazo derecho desde la axila. Antes de salir, pusieron la extremidad en una bolsa de plástico. Los hombres advirtieron que volverían por otros órganos pero no regresaron.

La muchacha piensa constantemente en su brazo perdido.

“Me siento mal porque no sé qué hicieron con mi brazo, dónde está, qué beneficios le sacaron o si simplemente lo tiraron”, dijo Kabula, de gran estatura y con la dulce voz con la que una vez se atrevió a cantar la canción “In the Sweet By and By”, para la organización sin fines de lucro.

En los viajes que hacer de la casa al hospital, Montanti ha aprovechado el tiempo con los niños para hacer típicas actividades estadounidenses. A finales de julio, los niños fueron por primera vez en su vida a una piscina. Salvavidas voluntarios los ayudaron a nadar.

Montanti dijo que los niños se han convertido en sus hijos adoptados, y que se ha acercado mucho a Baraka.

Una noche, cuando el grupo se reunió a compartir una cena cerca de la piscina, Montanti entrelazo una de sus manos con un brazo de Baraka. Y luego le susurró, “te quiero mucho”.

Fuente y créditos.

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