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En este año, reducir la amenaza nuclear debe ser una de las prioridades de la comunidad de naciones

Por Sergio González Gálvez *

Hoy en día en que Naciones Unidas condena con razón el anuncio de la República Democrática Socialista de Corea sobre que ensayó una bomba de hidrógeno, vale la pena hacer las reflexiones siguientes, a pesar de que observadores internacionales aún no han podido confirmar que este ensayo en realidad tuvo lugar.

No cabe duda de que mucho se ha hecho a nivel internacional para controlar el uso de la energía nuclear con fines bélicos, a través de la negociación y aprobación de Tratados Multilaterales y, en muchos casos, Bilaterales entre las principales potencias nucleares, sin embargo, lamentablemente este proceso no ha sido bajo criterios uniformes y justos, lo cual ha resultado en un régimen inequitativo que concede a unos cuantos la posesión y fabricación de armas de destrucción masiva y al resto se les prohíbe esa posibilidad, cuando en realidad los miembros de la ONU, que prácticamente reúne a todos los países en el mundo, están obligados a llevar a cabo negociaciones de buena fe para llegar a un desarme general y completo bajo un control internacional eficaz, empezando por el nuclear en plazos prefijados, algo en lo que nuestros negociadores en el pasado, tales como Luis Padilla Nervo; Alfonso García Robles y Jorge Castañeda Álvarez de la Rosa insistieron siempre y a lo que ahora se agrega el problema de la proliferación de armas de destrucción masiva en general y los misiles balísticos para lanzarlos y el riesgo latente de que grupos terroristas puedan adquirir y utilizar armas químicas, biológicas, radiológicas o inclusive nucleares, como tenemos entendido ya estuvo a punto de acontecer en Pakistán hace algunos años.

Sin embargo, a esa situación debemos añadir otra amenaza, que se refleja en una clara tendencia de algunas potencias militares al declarar abiertamente que para proteger a su población y sus intereses, según lo entienden ellos, descansan en estrategias militares basadas exclusivamente en su poderío armado con un supuesto carácter disuasivo y no en los tratados en vigor en la materia o en una interpretación extrajurídica de lo que debe entenderse como el derecho de legítima defensa consagrado en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas.

Quizá las principales preocupaciones de la comunidad organizada de naciones se focalizan en el hecho de que los foros multilaterales dedicados al análisis de temas de desarme, en particular la Conferencia de Desarme de las Naciones Unidas, con sede en Ginebra, está prácticamente paralizada; además, el argumento que ya por décadas mantienen las potencias nucleares, quizá, y repito quizá, con la salvedad de China, es que las medidas de desarme respecto a armas de destrucción masiva, empezando por lo nuclear, se deben discutir entre los que poseen esas armas o el potencial para fabricarlas, y no con países que no tienen esa capacidad, con lo cual se niega la validez de la obligación internacional para lograr un desarme pronto y efectivo.

Además, en este momento se detecta en la red de acuerdos multilaterales vigente sobre temas de desarme, una serie de problemas a los que la comunidad internacional debe abocarse con urgencia; entre otros, los siguientes:

En 1970 el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares prohibió a todos los Estados del mundo la adquisición de armas nucleares, incorporando el compromiso de los países que ya poseían armas nucleares a negociar su eliminación (sólo cuatro Estados nucleares como son India, Pakistán, Israel y Corea del Norte no se han sometido a ese régimen). Sin embargo, las potencias nucleares Miembros del Tratado de No Proliferación tampoco han cumplido con sus compromisos conforme a ese instrumento internacional como son asistir a los Estados no nucleares a hacer uso de la energía nuclear con fines pacíficos ni han llevado a cabo negociaciones para frenar la carrera armamentista.

Otro de los tratados cuya vigencia a nivel mundial están en duda, es el llamado Tratado Comprensivo de Prohibición de Ensayos Nucleares de 1996 en el que se prohíben todas las explosiones nucleares para cualquier propósito sea bélico o pacífico. Lamentablemente ese tratado no ha entrado en vigor, porque se estableció que para que adquiriera vigencia, 44 países que tienen alguna forma de tecnología nuclear requieren ratificarlo y hasta la fecha no lo han hecho, Estados Unidos de América, China, India, Pakistán, entre otros.

Además, según se informó en los debates sobre el tema en Naciones Unidas y fuentes no gubernamentales bien informadas como el Institute for Energy and Environmental Research y el Lawyers Committee of Nuclear Policy, que respetando la moratoria para llevar a cabo ensayos nucleares los Estados Unidos de América y Francia están ya de hecho construyendo instalaciones para la fusión por láser a fin de efectuar explosiones termonucleares en laboratorio. Y Gran Bretaña, Japón y Alemania no han impedido, a pesar de existir sospechas, que corporaciones privadas de sus respectivos países estén asistiendo en la construcción de los laboratorios de láser.

Quizás uno de los signos más preocupantes de nuestra época en cuanto a negociaciones sobre temas nucleares, es la decisión tomada por el gobierno de Estados Unidos de América en diciembre de 2001 de retirarse en forma unilateral del Tratado bilateral que había suscrito con la entonces Unión Soviética (hoy Federación Rusa) en 1972, conocido en idioma inglés como el Acuerdo Anti-Ballistic Missile (ABM), que fue negociado con objeto de evitar un ataque de sorpresa de uno de los dos países que pudiera eliminar las fuerzas estratégicas nucleares del otro Estado parte, en lo que constituye el primer caso de una renuncia unilateral de una potencia nuclear a un acuerdo de control de armamento nuclear una vez que éste había sido puesto en vigor.

Estos ejemplos nos dan una idea de que hay dos raseros para analizar el tema del desarme; la obligación de los Estados no nucleares de ni siquiera pensar en armarse con armas nucleares de destrucción masiva y la de los Estados considerados como potencias nucleares que parecen atribuirse el derecho a supervisar sin ellos mismos cumplir, con un orden internacional claramente inequitativo que el mundo al inicio de 2016 no debe tolerar más, sobre todo a la luz de las múltiples áreas de enfrentamiento que en este momento pudieran desembocar en conflictos armados en los que se involucren uno de los varios países que tiene artefactos nucleares, sin que debamos olvidar que hablar de la amenaza o uso de armas nucleares no es una hipótesis teórica, sino que hay casos relativamente recientes que no debemos ignorar al decidir las acciones que sería bueno impulsar.

1. El 20 de mayo de 1953, el presidente Eisenhower y el alto mando militar norteamericano aprobaron el uso de armas nucleares contra China si la guerra en Corea se agravaba.

2. En abril de 1954 el presidente Eisenhower ofreció dos bombas atómicas a los franceses para romper el cerco comunista en Dien Bien Phu, Vietnam, aunque demasiado tarde.

3. El 1 de noviembre de 1969, el presidente Nixon aprobó planes para utilizar armas nucleares en la guerra de Vietnam.

4. En 1970, en medio de la guerra civil en Jordania, Kissinger amenazó a la Unión Soviética con que Estados Unidos usaría armas nucleares tácticas en el Medio Oriente si el rey Hussein era depuesto.

*Embajador Emérito de México y

Ex Subsecretario de Relaciones Exteriores

 

Fuente y Créditos: Excelsior – http://www.excelsior.com.mx
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