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Colombia: Aplican primera eutanasia

Un hombre que se estaba quedando sin rostro por un cáncer se convirtió en la cara de la lucha por morir dignamente en Colombia.

El Comité pro Muerte Digna de la Clínica Oncólogos de Occidente de Pereira aprobó el primer procedimiento de eutanasia legal del país, a Ovidio González, de 79 años.

De acuerdo con la familia de González, quien sufría a causa de un cáncer de cara terminal, el procedimiento se realizó este viernes por voluntad del paciente.

El método se realizó cumpliendo los estándares éticos y médicos exigidos para el caso en condiciones que para la familia representaron un alivio, dijo el hijo del paciente, el caricaturista colombiano Julio César González “Matador”.

“Es lamentable que este primer caso haya tenido que pasar por tanto trámite, es un doble dolor para mi familia que ahora ya terminó. Ojalá esto sirva para algo”, dijo “Matador” a El Tiempo.

En las últimas horas, Ovidio consideró, después de la aprobación de la clínica, que no podía esperar más, tras lo cual, el hospital, el paciente y su familia llegaron a un acuerdo y adelantaron el procedimiento.

El Comité que tomó la decisión, y que fue conformado de acuerdo con las directrices consignadas en la resolución 1216 del 20 de abril de este año, es el mismo que negó la práctica de este procedimiento el viernes 26 de junio, a sólo 15 minutos de ser practicado.

“Debo ser la única persona que le cae mal a la muerte”, dijo el pasado viernes González, porque si algo lo mantuvo era el sentido del humor, un humor ácido.

Con humor enfrentó el cáncer en la boca que le diagnosticaron en 2010. Perdió parte de un hueso del lado izquierdo de la cara.

Se sucedieron sesiones de radioterapia y quimioterapia. Estéticamente quedó deformado. Anímicamente, golpeado; pero no hundido.

Lejos de amilanarse, siguió con su vida sencilla, criando vacas y caballos en Pereira, en pleno eje cafetero. En continuo monitoreo, y con el apoyo de su mujer y cuatro hijos, consiguió esquivar el cáncer cinco años, hasta que a principios de 2015 le volvió a golpear.

Hace tres meses dijo basta. Le pidió al oncólogo que no le siguiera dando sesiones de quimioterapia, el tumor le había roto la parte izquierda de la cara.

El dolor, intenso, no cesaba. Cada vez que intentaba hablar le suponía un sufrimiento adicional.

Ovidio podía alimentarse con líquidos, recostado. De pesar 81 kilos bajó a 48.

“El solo acto de no disfrutar del acto de comer es terrible”, aseguró su hijo mayor, “Matador”.

Fue a él a quien Ovidio le dijo un día: “Quiero la eutanasia, yo sé para dónde voy y no quiero ser un guiñapo en una cama”.

Se refería a acabar como lo hicieron algunos de sus hermanos o familiares, una familia perseguida por el cáncer.

La primera opción era recurrir a un médico que había ayudado a morir a decenas de personas y éste les instó a seguir los cauces oficiales.

Desde el pasado 20 de abril, la eutanasia es legal en Colombia después de que el Ministerio de Salud reglamentase una norma de 1997. El 4 de junio solicitaron a la clínica Oncólogos de Occidente, en Pereira, que autorizasen el proceso para morir con dignidad.

Los médicos que trataron a Ovidio vieron que reunía todos los requisitos que exige la ley para autorizar la eutanasia. En síntesis: ser él quien solicitaba el derecho, estar en perfectas condiciones psíquicas y padecer un cáncer terminal.

Todo parecía listo. Ovidio, nadie sabe por qué, decidió morir el viernes 26 de junio a las 14:30 horas.

Comenzaron los preparativos, las despedidas. Hasta el mismo día se acercaba gente a la casa.

Ese viernes, “Matador” recuerda cómo su padre estuvo escuchando música con un amigo, Gustavo Colorado, a quien regaló un disco de tangos de Charlo.

En la dedicatoria, cuenta, se podía leer: “Motivo: viaje”.

“Lo más duro fue el camino a la clínica”, ahonda el primogénito. Ese día jugaba Colombia contra Argentina y las calles estaban impregnadas por un optimismo antagónico que chocaba con Ovidio y su familia.

“Él se movía menos que una pirámide de Egipto”.

En la clínica, una treintena de personas acompañaba a Ovidio. El proceso consistiría en una sedación para luego aplicarle un fármaco que se lo llevaría, sin sufrimiento.

Cuando quedaban 15 minutos para la hora señalada, Diego, otro de los hijos del enfermo, recibió una llamada. Se suspendía el proceso.

Pese a que los médicos que habían tratado a Ovidio estaban convencidos, un comité de la clínica formado por un oncólogo, un psicólogo, un abogado y radioterapeuta decidió, solo con una opinión desfavorable, que no estaba tan claro que el paciente reuniese todos los requisitos y, ante la duda, prefería recurrir a una segunda opinión.

El médico oncólogo y tanatólogo, Juan Paulo Cardona Arcila, dijo en entrevista con El Tiempo que esta clase de decisiones no son personales, sino que emanan de un comité.

“No quiero que don Ovidio sufra, solo que las cosas se hagan como debe ser”, afirmó.

Pero, la desolación fue total.

“No nos pueden dar ese golpe desmoralizante cuando toda una familia decidió asumir esa decisión tan difícil, ya todo estaba aprobado”, afirmó Julio César según publica El Espectador.

Solo el humor consiguió limar la tristeza.

“¿Por qué no sales cubierto con una sábana blanca? Total, todo el mundo te da ya por muerto”, le decían sus próximos.

La semana fue intensa y aún más dolorosa para Ovidio.

Luego de un puente festivo, Ovidio presentó una acción de tutela para exigir su derecho a morir dignamente.

La familia se aferraba a que se cumpliese la ley, esa que permite evitar el sufrimiento a un enfermo terminal.

El caso, que se había guardado con mucho celo, saltó a los medios y la expectativa creció.

Este jueves, por fin, les dieron la triste pero buena noticia.

El mismo comité que había decidido parar su marcha el viernes, ahora, con el respaldo de la Asociación Colombiana de Radioterapia Oncológica y el visto bueno del Ministerio de Salud, aprobaba la solicitud de Ovidio.

Una de las pocas palabras que, según cuenta su hijo, consiguió decir al enterarse de la noticia eran para el médico que había retrasado su adiós: “Muero por conocerlo”.

Fuente y créditos.

 

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