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‘Acto de maldad’ arrasa Las Vegas

Las Vegas.- Al disparar en un concierto de música country, el atacante de Las Vegas, Stephen Craig Paddock, eligió como blanco uno de los segmentos más conservadores de la cultura estadunidense, donde las armas son más bien un tema de celebración.

Uno de los temas frecuentes de las canciones de country son precisamente las armas, veneradas en gran parte del Estados Unidos rural donde hay un profundo rechazo a regular su venta.

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezó este lunes un minuto de silencio en el jardín de la Casa Blanca, en homenaje a las víctimas del tiroteo de la noche del domingo en Las Vegas.

El ataque dejó al menos 59 muertos y 527 heridos, en el peor baño de sangre registrado en Estados Unidos.

En la breve ceremonia, Trump estaba acompañado por su esposa, Melania, y por el vicepresidente Mike Pence y su esposa Karen.

Ellos se unieron a un enorme grupo de funcionarios de la Presidencia en el jardín de la Casa Blanca para el homenaje.

En la mañana, Trump leyó desde la Casa Blanca un mensaje al país, donde calificó al tiroteo como “un acto de pura maldad”.

En su sombrío discurso, Trump formuló un llamado a fortalecer “los lazos que nos unen, nuestra fe, nuestras familias y nuestros valores”.

Instantes después, la Casa Blanca emitió una proclamación presidencial que ordena el izado de banderas a media asta en la sede presidencial y oficinas públicas hasta el 6 de octubre, en homenaje a las víctimas del tiroteo.

Algo se quebró

Stephen Craig Paddock era un adinerado jubilado, de 64 años, que vivía junto a un apacible campo de golf cerca de la capital del juego, adonde le gustaba ir a apostar.

El hombre que regularmente enviaba galletas a su anciana madre en Florida, según su hermano Eric Paddock, tenía una vida intrascendente en Mesquite, una pequeña ciudad de Nevada, a unos 130 kilómetros de Las Vegas, en una tranquila zona de retirados.

Las razones para el ataque se desconocen. La única certeza es que se preparó minuciosamente para generar la mayor cantidad de víctimas posibles.

Alquiló una suite de dos habitaciones en el piso 32 del hotel Mandalay Bay, para tener dos ángulos de tiro distintos.

En la habitación los agentes hallaron 23 armas de distintos calibres, la mayoría de ellas fusiles de asalto, aparentemente transportadas en más de 10 maletas.

Algunos rifles estaban equipados con miras telescópicas y su vehículo contenía nitrato de amonio, que puede ser usado para fabricar explosivos. En su casa un verdadero arsenal, con otras 18 armas de fuego y explosivos, fue descubierto.

Hasta el momento, sus motivaciones para cometer semejante masacre son un misterio para el FBI, y más aún para sus familiares, que no salen de su asombro.

“¿Dónde diablos recibió armas automáticas? No tenía antecedentes militares ni nada de eso”, dijo su hermano Eric.

Paddock tenía dos viviendas en Nevada, una residencia junto a un campo de golf en Mesquite y otra en Reno, otro centro del juego.

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No tenía afiliación política o religiosa, según su hermano. Tampoco era “un tipo ávido de (usar) una pistola. Era apenas un tipo normal. Algo se quebró en él, algo ocurrió”, afirmó.

Yihadismo, en duda

El perfil de Paddock es muy distante de los reclutas tradicionales de Estado Islámico (EI), que afirma sin embargo que este jubilado estadunidense era “un soldado de EI”, que se había “convertido al Islam hace algunos meses”.

“El autor del ataque en Las Vegas es un soldado del Estado Islámico. Él realizó la operación en respuesta a los llamados a atacar a los países involucrados en la lucha contra el Estado Islámico”, dijo Amaq, la agencia de propaganda yihadista, sin respaldar su afirmación.

Tal reivindicación deja escépticas a las autoridades estadunidenses. El FBI declaró no haber establecido “por el momento ninguna conexión con un grupo terrorista internacional”.

El alguacil de Las Vegas lo catalogó como un “lobo solitario” y un “psicópata”, rechazando también a evocar la pista yihadista.

Además de contador público, tenía una licencia de piloto y poseía permiso para cazar, válido para el estado de Alaska.

Su compañera sentimental, Marilou Danley, de 62 años y origen asiático, se encuentra fuera del país, pero ya fue contactada por las autoridades para auxiliar en las investigaciones.

Escena de guerra

“Parecían fuegos artificiales”, comentó un testigo, Joe Pitz.

El cantante Jason Aldean, que logró escapar, estaba en el escenario cuando se escucharon las primeras ráfagas. A los pocos segundos dejó de sonar la música, según varios videos compartidos en redes sociales.

Robert Hayes, un bombero de Los Ángeles que estaba viendo el concierto cerca del escenario, dijo que primero pensó que los disparos se debían a un mal funcionamiento del equipo, pero no tardó en sumarse a los socorristas.

“Probablemente declaré muertas de 15 a 20 personas. Era como una escena de guerra”, contó.

Mesas y vallas de metal se convirtieron en camillas improvisadas, dijo Hayes, que consideró que con las miles de personas concentradas, Paddock “no tenía que ser bueno” disparando para producir esa masacre.

Expertos coincidieron en que el saldo hubiera sido peor si el victimario hubiera tenido más experiencia. Y aseguraron que es imposible prevenir una tragedia así.

“Lo irónico es que la seguridad en Las Vegas es realmente muy buena, pero una mente medio creativa y ganas de hacer algo en un país libre generan cosas como esta”, dijo Tegan Broadwater, presidente y fundador de Tactical Systems Network, una consultora en seguridad con sede en Texas.

El jefe de Policía de Las Vegas, Joseph Lombardo, describió a Paddock como “un lobo solitario”.

Sé que está muerto…

Carlos R., un enfermero de Las Vegas, llevaba casi 20 horas, desde que le alertaran del tiroteo ocurrido la pasada noche, buscando a su mejor amigo. No hay ni rastro de él, un drama que sufren decenas de familias.

“Mi amigo fue con otros conocidos míos al concierto de Jason Aldean. Uno de ellos va de caza todo el tiempo y sabe perfectamente cómo suena un balazo, así que echó a correr de inmediato junto al resto. Pero mi amigo no estaba en ese momento con ellos. Debió ir por una bebida o algo así. Desde entonces, no contesta al teléfono”, explicó Carlos.

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“He ido a la oficina del forense primero. Después he acudido a varios hospitales. Su nombre no figura en ningún sitio. Ojalá se le haya perdido el teléfono y por eso no lo hemos localizado aún”, dijo con tono resignado.

La misma situación se repetía a las puertas del pabellón sur del Centro de Convenciones de Las Vegas, donde se ha organizado el centro de reunificación familiar para los familiares y conocidos de las víctimas.

Allí, un goteo incesante de voluntarios traían comida y bebida para quienes lo necesitasen. Y los que se veían obligados a quedarse fuera -las autoridades indicaron que no necesitaban más ayuda ni más recursos-, permanecían a la espera, preparando flores y pancartas de apoyo.

Pero, en mitad de esas escenas de esperanza, el dolor irrumpía cada pocos minutos.

“Salí anoche a las 23:00 horas y no voy a volver a casa hasta que me aclaren qué ha sido de mi hija. No me quedan lágrimas. Sé que está muerta, pero necesito que me lo digan”, aseguraba una mujer de unos 40 años, vestida aún con el pijama con el que salió de su hogar.

Otra mujer se quitaba las gafas de sol que cubrían sus ojos hinchados para detenerse un momento y explicar la situación que se vivía en el interior del edificio.

“Aquí no hay cuerpos. Sólo cogen tus datos para asegurarse de que te llaman cuando sepan algo. Mi marido ha muerto. Lo sé porque estaba con él”, confesó mientras se secaba las lágrimas.

Otro afectado, Robert Patterson, tampoco conoce el paradero de su mujer, Lisa, que estaba en el concierto junto a tres amigos. Todos salieron huyendo despavoridos y se encontraron en el hotel donde se hospedaban, El Tropicana. Todos, menos Lisa.

“Sus amigos me dijeron que le habían disparado. Tienen todos mis datos, pero nadie me llama para ponerme al día. Creo que ha muerto, no lo sé. Estoy perdiendo la esperanza”.



Marca el crimen a familia de asesino

Benjamin Hoskins Paddock, el padre del autor de la matanza, Stephen Paddock, formó parte de la lista de los Más Buscados del FBI durante casi ocho años. Conforme a fuentes oficiales, Hoskins Paddock apareció en dicho listado desde el 10 de junio de 1969 hasta el 5 de mayo de 1977. Fue descrito en un cartel del FBI como “psicópata diagnosticado, y como un individuo que indicó tener “tendencias suicidas”, cuyo delito era el robo de bancos. Paddock aterrizó en la lista de los más buscados después de escapar de una prisión federal de Texas en 1960, donde cumplía condena tras ser sentenciado a 20 años por robar un banco, según publicaron entonces medios locales. Asimismo, el diario Eugene Register-Guard señaló que el hombre vivió en el área de Eugene-Springfield, Oregon, durante varios años bajo el nombre de Bruce Werner Ericksen. El hermano menor del atacante, Eric Paddock, dijo que él mismo nació mientras su padre huía de las autoridades. “No lo conocía, no lo conocíamos. Nunca estuvo con mi madre, yo nací mientras huía y esa es la última vez que estuvo en contacto con nuestra familia”. En cuanto a lo que motivó a su hermano a disparar contra miles de personas que asistían al concierto de música country, confesó que tanto él como su familia todavía están completamente confundidos. (Agencias)

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Se ‘disparan’ acciones de fabricantes de armas

Algunos de los principales fabricantes de armas de Estados Unidos subieron ayer con fuerza en Wall Street, después de la matanza en Las Vegas. Las acciones de American Outdoor Brands, nombre actual del mayor fabricante de armas cortas del país conocido anteriormente como Smith and Wesson, subieron 3.70% en el mercado Nasdaq, donde han perdido 25% de su valor desde que comenzó el año. Por su parte, los títulos de Sturm Ruger & Company, el cuarto mayor fabricante de armas del país, se disparó 4.26 % en la Bolsa de Nueva York (NYSE), donde se han depreciado casi 7% en los últimos 12 meses. American Outdoor Brands, con una valoración bursátil de 853 millones de dólares, vendió en el último trimestre productos por un valor de 129 millones de dólares, mientras que Sturm Ruger, valorado en 950 millones de dólares, superó los 130 millones de dólares de facturación. (EFE)

Servicios colapsados

La mayor masacre con armas de fuego en Estados Unidos, colapsó ayer a Las Vegas, una ciudad preparada para atender eventos masivos y grandes concentraciones. Los al menos 59 muertos y más de 527 heridos que dejó el ataque desbordaron los hospitales y servicios de emergencia de la ciudad. Ante la escasez de médicos y enfermeros para atender a todos los heridos, el Gobernador de Nevada, Brian Sandoval, declaró situación de emergencia en el condado de Clark –que comprende Las Vegas y que tiene 2.1 millones de habitantes– para autorizar el trabajo de personal con licencias de otros estados. Tan sólo el hospital Sunrise recibió a 180 heridos la madrugada del lunes. Ese es el centro médico más cercano al hotel Mandalay, desde donde se efectuaron los disparos. Al apelar a la donación masiva de sangre para las víctimas, la industria del entretenimiento decidió cerrar anoche al menos 23 shows icónicos de Las Vegas –desde el hotel Treasure Island hasta el Bellagio– con lo cual puso una pausa inédita en la vida de la ciudad. Según la prensa local, la Strip de Las Vegas, la avenida de 6.7 kilómetros donde están los más grandes hoteles, sólo había apagado sus luces ocho veces en la historia, pero por periodos de 3 minutos. Nunca todo un día, como ayer. (Reforma)


Fuente: Agencias

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