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2016: ¿año a la Fouché?

Joseph Fouché (1759-1820) creó el primer sistema moderno de espionaje político y fundó lo que sería el Ministerio del Interior francés. Siempre reservado, era un hombre que no daba a conocer sus emociones ni sentimientos. Frío y calculador, se movía por conveniencia personal y política, no en función de principios políticos ni éticos. Deja la Iglesia católica para convertirse en diputado de la Convención que dirigía la Revolución francesa, bajo el mando de Maximiliano Robespierre. Era políticamente moderado, pero viendo la supremacía de los radicales, se suma con ellos y se declara ateo, aceptando convertirse en el “Ametrallador de Lyon”, culpable del fusilamiento de miles de “burgueses” de aquella ciudad de Francia. Apoyó la ejecución del rey Luis XVI. Después conspiró hasta lograr la ejecución de Robespierre. Cuando Napoleón vivió su ascenso político, nombró a Fouché jefe de la policía nacional, quien crea una red de espías en todo el país, volviéndose temible incluso para el mismo Napoleón, pues también reclutó a su esposa Josephine como informante. Posteriormente conspiró contra Napoleón, derrocándolo y logrando la restauración del trono borbón, con Luis XVIII como rey. Durante su vida, Fouché traicionó a todos sus aliados, se hizo de una gran fortuna y maniobró, permanentemente, para estar junto al poder, traicionándolo cuando así le convenía a sus intereses.

Napoleón dijo de él, en sus memorias: “Si la traición tuviese un nombre, sería Fouché”. Sin embargo, a pesar de ser tenebroso y temible, era una fuerza política que determinaba el rumbo de muchos procesos políticos y decisiones clave de su época. Seguir los pasos de la carrera de Fouché es conocer íntimamente el funcionamiento de cualquier sistema político. El mexicano no es la excepción.

El PRI y sus corifeos en medios se lanzan contra las posibles alianzas del PAN y PRD, cuando el gobierno federal es el principal beneficiario de la alianza PRI-Verde en el Congreso de la Unión, realizada en 39 de 43 procesos. Sin ella, no tendría mayoría en ambas Cámaras. La hipocresía es evidente, pero el cinismo a la Fouché está a la vista. El combate al crimen organizado no sólo sigue el mismo camino de Calderón, sino que se ahonda la dependencia de órganos de seguridad estadunidenses. ¿Quién habla de la guerra de Peña? La corrupción florece, mientras se difunde insider information para consolidar los negocios más apetecibles del sexenio. Cada gobernador que sale del poder, del partido que sea, sale con una cola de corrupción como legado. Igualmente los presidentes municipales, con el negocio de los moches como una concertación entre legisladores y ediles de sus partidos. Existe un acuerdo no escrito entre líderes partidistas de no perseguir la corrupción. ¿Registraron la conducta del PAN y PRD durante las recientes elecciones federales, al no mencionar nada sobre la Casa Blanca, los negocios del Presidente y el secretario de Hacienda? Se perdió, a propósito, una gran oportunidad para atacar la corrupción del sistema político, que, por cierto, está a la vista de toda la sociedad. La corrupción del gobierno perredista de Guerrero y el municipio de Iguala quedan en el olvido, al igual que la corrupción de gobernadores panistas de Aguascalientes y Sonora. Tantas complicidades oscurecen el panorama nacional.

Un sistema político construido en torno a complicidades acepta que predomine el espíritu de Fouché. Ese sistema inevitablemente abandona y traiciona al pueblo.

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Columnista:

 

Fuente y Créditos: Excelsior – http://www.excelsior.com.mx
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