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Recorrido glotón por el DF: Coyoacán e Iztapalapa

Recorrido glotón por el DF: Coyoacán e Iztapalapa
VICE / Texto y fotos: Daniela Cachón

CIUDAD DE MÉXOCO.

Los tacos de moronga, acompañada por pico de gallo, y la costillita en salsa de chile chipotle fueron mis favoritos; aunque también hay tortas de jamón y queso, y de cabeza de puerco en escabeche al estilo Toluqueño, haciendo honor a su origen.

Estoy en la primera parada de mi recorrido glotón por el sur-oriente de la Ciudad de México: la tiendita “San José”, una pequeña miscelánea  en la esquina que hacen las calles Francisco Sosa y Melchor Ocampo, allá en el antiguo Barrio de Santa Catarina, Coyoacán, donde un amable caballero de clara afición futbolera ofrece espectaculares tacos de guisado a los transeúntes y vecinos.

La tienda está en una antiquísima construcción y su clientela se conforma principalmente por residentes del barrio, oficinistas y uno que otro deportista que se desvía de los viveros (uno de los espacios verdes públicos más conocidos del DF, con una pista para correr de casi 2 ½ km), todos son calurosamente recibidos por los chascarrillos e historias que alegremente comparte la pareja que atiende el local.

Al mexicano le gusta la calle, tan es así que tenemos nuestro propio término: “andar de pata de perro”, y somos muy tragones, por eso es que las calles están llenas de lugares para comer. No importa dónde ataque el hambre, siempre habrá qué comer, pero es mejor si conocemos de antemano dónde sí se come bien. Por eso hice este recorrido, con el estómago en la mano, para encontrar algunos de los secretos mejor guardados de Iztapalapa y Coyoacán, dos zonas pocas veces consideradas cuando se habla de la mejor comida de la ciudad.

Me sigo por la calle de Francisco Sosa, cruzo el jardín Centenario y continúo por Carrillo Puerto casi hasta llegar a la calle de Cuauhtémoc. Ahí, justo antes de los puestos de churros, se encuentra un local de gran tradición y renombre: la “Taquería Aguayo”.

En este local se respira un aire de nostalgia. Tanto su clásica barra tipo tortería, su mobiliario de madera en colores azul celeste y rojo, y su gente, parecen salidos de una película setentera. Un cartel me indica que se ofrecen deliciosas quesadillas fritas de papa, tacos dorados, tostadas y, obviamente, tortas. Tras la barra, dos grandes hombres que parecen robles preparan con solemnidad de gendarme los diferentes antojitos. Al lado se encuentra otro local exactamente igual, donde venden lo mismo, pero además ofrecen taquitos de birria con su respectivo consomé. No importa en cuál de los dos consigas lugar, en ambos se puede disfrutar de toda la oferta. Después de comerme un par de quesadillas fritas, partí al siguiente destino.

Continúo por Carrillo Puerto hasta llegar a Xicoténcatl. Después de  seguir derecho por seis calles, donde cruza con Corina, logro divisar la esquina de los “Tamales García”. En este colorido puesto, además de encontrar los tradicionales de salsa roja y verde, los de dulce y lo de rajas —mis favoritos—, hay oaxaqueños rojos y verdes, champurrado, café, atole arroz y el del día. Y, por si no era suficiente, venden también unas tortas de jamón y queso que se ven tan buenas, que ni en los mejores sueños del “Chavo” pudieron ser así.

Después de un tamalito, un atolito y un pan,  camino por Corina rumbo a Churubusco. Ahí, en la esquina donde se yergue el centro deportivo YMCA, tomo la combi hacia mi siguiente parada.

¡En la esquina bajan! Después de 15 minutos de trayecto, llego a la Calzada de La Viga. Camino con el sentido de los carros por dos grandes cuadras hasta la pequeña calle de Físicos. La tomo y camino cuatro calles más hasta estar en la esquina del Mercado de San Juanico Nextipac.

Este colorido y antiguo pueblo conserva su memoria ancestral y recrea, noche tras noche, su antigua costumbre del tianguis. Exactamente en la esquina, al pie de la farmacia, Oliver Hernández ha colocado desde hace 5 años, un puesto de carne al carbón.  Desde la primera vez que lo vi, me extrañó ver un asador a la mitad de la calle y casi no daba crédito cuando sacó la secadora para avivar las llamas.

Costilla, chorizo, cecina y pechuga de pollo, acompañados por nopalitos, frijoles de la olla, cebollas con rajas, papas guisadas y un par de salsas bien picosas conforman la oferta que este alegre joven presenta al caer la noche, mientras te pone al tanto de los chismes del barrio, ya que se ha convertido en punto de encuentro de los vecinos de la zona.

Un taco de cecina con nopales después, camino unos metros hasta dar con don Carlos y su enigmático puesto rodeado por pencas de plátano macho y cazos llenos de burbujeante aceite, la perdición de chicos y grandes, quienes se forman alrededor de veinte minutos para obtener estos preciados alimentos fritos.

Con una sonrisa franca y la habilidad de un samurái, don Carlos rebana finamente los plátanos fritos mientras menea las papas en la freidora y echa los salchipulpos en otro cazo. Aún no decido qué es lo que más me gustó: estoy entre el espectáculo que brinda don Carlos frente a las caras expectantes de sus antojadizos parroquianos, o mis deliciosos platanitos, coronados con crema, cajeta, lechera y chispas de chocolate.

Por fin regresé a mi casa, con la barriga llena y el corazón contento, esperando que el próximo recorrido me regale experiencias igual o más deliciosas–, no sólo enfocadas en el sabor, sino en la variedad de alimentos, en los espacios y sobre todo, en la calidez de las personas que sirven.

Fuente y Créditos: Excelsior – http://www.excelsior.com.mx
Enlace a la fuente original: Recorrido glotón por el DF: Coyoacán e Iztapalapa

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