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Curar al suelo, tarea millonaria; se necesitan 2 mil pozos de reinyección

Arturo Páramo

CIUDAD DE MÉXICO.

Jorge Legorreta pasó los últimos años de su vida exponiendo la contradicción de la Ciudad de México.

Desde hace 500 años, tras la derrota de los mexicas, los españoles decidieron que debían extraer el agua del lago para construir la ciudad que sería sede de la Nueva España.

Así, actualmente sumamos medio milenio desecando la Cuenca de México y eso ha generado estragos impensables.

Al ser explotados los mantos freáticos las capas del subsuelo se compactan y provocan que el suelo se hunda, provocando inclinaciones en edificios.

El proceso se ha acelerado desde 1900, cuando la ciudad tenía 541 mil 516 habitantes y abarcaba lo que ahora conocemos como Centro Histórico.

El crecimiento se dio a lo largo del siglo XX. En 1950 la ciudad contaba con tres millones de habitantes, y para cuando sucedieron los sismos del 85 llegaban a nueve millones.

La necesidad de consumo de agua rebasó la cantidad de 200 litros por persona, mientras que se acentuaba el proceso de desecación del lago hasta convertir la zona noreste en un páramo reseco y salitroso, llevando a la demolición total de la Unidad Habitacional CTM 14, imposible de ser reparada por su hundimiento y por los efectos de los sismos de 1985. La gente, a la fecha, no ha sido reubicada en su totalidad.

De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua, la explotación de los mantos acuíferos nos proporcionan 70% del suministro de agua de la ciudad, mientras que el Sistema 
Lerma-Cutzamala sólo el 20%.

El restante tirante de agua es traído de diez afluentes más hacia el Valle de México, que actualmente suma 22 millones de habitantes.

Revertir 500 años 
de explotación

En febrero pasado, el Gobierno de la Ciudad de México presentó un programa para intentar revertir la sobreexplotación de los mantos freáticos.

En el Ajusco fueron puestos en operación 13 pozos de absorción de lluvia, cuya tarea es reinfiltrar agua a los mantos freáticos.

Es el inicio de un proyecto que, de acuerdo con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), requerirá de más de dos mil pozos de reinyección para comenzar a revertir la desecación del subsuelo.

La actual administración capitalina reconoció que se plantea construir cien de esos pozos hasta 2018, y de acuerdo con el Sistema de Aguas de la Ciudad de México, para inyectar el agua al subsuelo se requiere que el líquido se someta a un proceso de limpieza que incluye el retiro de desechos sólidos, de aceites y otros contaminantes que arrastra el agua de lluvia hacia los pozos.

Los 13 pozos puestos en operación tuvieron un costo de 58 millones de pesos. Construir dos mil pozos equivaldría a un presupuesto cercano de 9 mil millones de pesos, algo impensable en tiempos actuales.

Reinfiltrar agua, jugoso negocio

En enero de 2010, al ser presentado el proyecto de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales de Atotonilco (PTAR), el empresario Carlos Slim planteó que el agua que se limpie no sólo puede utilizarse para regar 90 mil hectáreas en Hidalgo. También puede convertirse en un negocio si el agua se retorna al Valle de México y se reinyecta en los mantos.

En Atotonilco desembocan 725 millones de metros cúbicos de aguas residuales al año. La visión de Slim es que el agua residual y pluvial salga del Valle de México hacia el norte y se someta a tratamientos que permitan regresar un volumen considerable a la Ciudad.

“Nos falta la otra parte de la ecuación: acabar con la sobreexplotación del acuífero de la Ciudad de México, que es de 20 metros cúbicos por segundo”, dijo Slim minutos antes de firmar el contrato para la construcción de la PTAR; la planta comenzará a funcionar durante el semestre en curso.

Más y más profundo

La explotación del acuífero está lejos de concluir; por el contrario, cada vez se extrae agua a distancias más profundas.

En 2015, Ramón Aguirre, director del Sistema de Aguas, anunció que en Iztapalapa, se contaría con dos pozos de aguas profundas.

El agua es extraída desde dos mil metros de profundidad y tiene una calidad que permitiría su consumo incluso sin ser potabilizada.

La realidad confirma la tesis de Legorreta, quien enfatizaba la necesidad de recuperar espejos de agua en la zona del Ex Vaso de Texcoco (dónde se construirá el nuevo aeropuerto internacional, en el punto más bajo del Valle de México), de recuperar los 45 ríos vivos que bajan de las montañas hacia la Cuenca del Valle de México, y reinyectar el agua al subsuelo.

Cuando usted transite en Calzada Ignacio Zaragoza y vea las casas ladeadas en Avenida Central, o sufra los desniveles de la Avenida Congreso de la Unión piense que son efectos de la extracción de agua del subsuelo, los cuales tardarán décadas en ser revertidos.

Fuente y Créditos: excelsior.com.mx
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